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La Historia de la Boca del Riachuelo

por Enrique de Gandía

Indice de capítulos en esta página

.XVIII El puerto del Riachuelo
XIX El Riachuelo como límite de la ciudad
XX El pago de la Matanza
XXI El puente sobre el Riachuelo
XXII Las barracas
XXIII La Aduana del Riachuelo
XXIV El temporal de 1805
XXV El partido de Barracas
XXVI La boca del Riachuelo
XXVII Barracas durante las invasiones inglesas
XXVIII El primer maestro de escuela
XXIX El puente de Gálvez
XXX Los primeros pobladores

 

XVIII . EL PUERTO DEL RIACHUELO

El puerto del Riachuelo fue el único puerto de Buenos Aires en el siglo XVIII que servía tanto para el tráfico menudo y el contrabando, como para el comercio pesado.

En los acuerdos del Cabildo son numerosas las referencias al puerto del Riachuelo que demuestran la importancia que tuvo en la época que estamos estudiando.

El 3 de noviembre de 1721 se habló en el Cabildo de la falta de pan, trigo, grasa y sebo que se notaba en Buenos Aires y del contrabando que de esos productos hacían algunas personas para venderlos en el Uruguay.

Entonces se autorizó a todos los vecinos a decomisar el pan, trigo, etc., que sorprendiesen en el momento de ser embarcados.

Con este motivo se dijo lo siguiente: "El puerto del Riachuelo es una garganta por donde pasa mucho pan, trigo, harina y trigo y bizcocho, y si pasa poco al presente por la escasez. de esta ciudad, ha pasado y está con la boca abierta para pasar con el motivo de las faenas de la gente que está en la otra banda y guardia de soldados, con cuyo pretexto y el de la utilidad pasan más de lo necesario para su mantenimiento y lo venden, siendo esta circunstancia perjudicial, mayormente en tiempo de tanta carestía”.

A principios de 1722 el gobernador don Bruno Mauricio de Zabala comisionó al capitán don Juan de San Martín para que inspeccionase los campos de la banda Oriental. En las Instrucciones que le dió le ordenó estar "en el puerto del Riachuelo pronto para embar-carse luego que lo permita el tiempo con la gente que allí estará.. ."

La carne "que se lleva al Riachuelo para los navíos" fue fijada en el precio de dos pesos la res en pie el 28 de marzo de 1722.

Durante muchos años, a causa de la escasez. de ganados que había en nuestras campañas, la grasa y el sebo se traían del Uruguay.

El lugar de desembarque era el Riachuelo.

Don Lucas de Velorado propuso en el Cabildo del 8 de enero de 1725 que "se le pida al señor gobernador mande su señoría al cabo del Riachuelo que la lancha que trajere sebo y grasa no se desembarque hasta darle parte al fiel ejecutor para que la distribuya por su mano y la ponga donde se venda con buena conciencia como Dios lo manda, pues la experiencia que tiene de la que venden los pulperos es más agua que grasa".

Las maderas, el sebo y la grasa que llegaban del Uruguay debían pagar un diezmo "en el puerto del Riachuelo". Esta "cobranza y parte donde se está haciendo" disgustaron a muchos vecinos.

El 29 de julio de 1729 los regidores se enteraron de dos peticiones presentadas por don Alonso Suárez y don Pedro León para que se modificase el pago de esa contribución. Sin embargo, no se tomó ninguna medida en esa oportunidad, hasta que el 24 de mayo de 1730 el procurador general de la ciudad hizo saber al Cabildo que "clamorea tanto el pueblo no acostumbrado a la paga de estos nuevos diezmos" que le había parecido preciso "representar el lastimoso quejido".

Para ello explicó que los vecinos debían conducir por espacio de muchas millas la madera, la grasa y el sebo en la costa del Uruguay y luego hacer otros gastos para cruzar el Río de la Plata hasta el Puerto del Riachuelo.

A su entender no era justo que se les cobrase allí mismo el diezmo antes de que pudiesen vender sus productos.

Sólo el 1° de octubre de 1731 se leyó en el Cabildo una real cédula del 21 de junio en la cual se ordenaba que ciertas entregas de cueros se hiciesen "en el paraje y lugar donde se obligaron a hacer la paga y no en el Riachuelo".

Algunas personas que traían grasa y sebo del Uruguay, los desembarcaban en puntos de la costa donde podían comprarlos los pulperos para revenderlos en la ciudad.

Por ello el 15 de julio de 1732 el Cabildo autorizó a don Juan de Zamudio a traer cien piezas de sebo y grasa desde el Uruguay "para el abasto de esta ciudad. ..con tal que las traiga al puerto de el Riachuelo y de allí las conduzca a esta ciudad para su abasto".

Los únicos puntos por donde podían entrar extranjeros en Buenos Aires era por los puertos de Luján, de las Conchas y del Riachuelo.

El 24 de septiembre de 1732 don Bruno Mauricio de Zabala dirigió un auto al Cabildo en el cual recordaba que el 12 de marzo había ordenado a los forasteros que había en Buenos Aires que saliesen de la ciudad en el término de ocho días, bajo penas de prisiones, destierros y multas pecuniarias,

"y para reconocer los forasteros que en carretas, tropas o embarcaciones se introducen a esta ciudad se mande a los cabos de la guardia de Luján, puerto de las Conchas y Riachuelo que diesen razón a este gobíerno al tiempo de su venida del número, calidad y circunstancias en que venían ocupados, haciéndole cargo en su salida a los que los habían traído, siendo preciso que durante su estada moren en esta ciudad..."

El 3 de marzo de 1735 el Cabildo estableció que los carreteros no podían cobrar por cada carretada ., desde el puerto del Riachuelo a esta ciudad, de cualesquier géneros y efectos, así de descarga de navíos como de los de la tierra que hoy se comercian y comerciaren en adelante, que a cuatro reales, y lo mismo de aquí al Riachuelo".

Los lancheros vendían en el Riachuelo la leña a los carreteros a razón de cuatro pesos la carretada, y los carreteros la revendían a seis pesos a los vecinos de Buenos Aires.

El 30 de julio de 1735 el Cabildo dispuso que "para evitar este exceso" la carretada de espinilla del Uruguay, traída del Riachuelo y puesta en la casa del comprador, se vendiese al precio único de cinco pesos.

Por un acuerdo del 20 de enero de 1744 sabemos que las lanchas que trajinaban el río y llevaban carga al Riachuelo pagaban un peso por cada noche al soldado que permanecía en ellas de centinela mientras duraba el registro.

Don Pedro de Lea había recibido de un navío de registro una remesa de ropa podrida y "la calle (en que vivía) se halla en pestífero hedor". El procurador general temía que las lluvias, al llevar los trapos al río infectasen las aguas y no se pudiesen beber.

El 13 de abril de 1744 el Cabildo resolvió "que se le haga saber al expresado don Pedro de Lea que toda la ropa de avería podrida que la saque afuera de la ciudad y la haga enterrar en pozos que para este efecto mande hacer, y que la que hubiese mandado echar inmediato a la ciudad la haga enterrar, y que la ropa que se está lavando en el Riachuelo la haga lavar más distante donde el pueblo no experimente las malas resultas que prudentemente deben temerse como se practica en los puertos de Europa..."

La guerra contra los indios obligaba a buscar recursos en todas formas. El 17 de febrero de 1745 el gobernador propuso al Cabildo que para reunir fondos !e impusiese un real de contribución a todas las carretas "que dentrasen a esta ciudad así de afuera como de el Riachuelo conduciendo frutos de abasto. .."

Las carretas que hacían el trayecto de la ciudad al puerto del Riachuelo debían ser por este tiempo muy abundantes, porque el 26 de marzo de 1745 varios vecinos propusieron al Cabildo hacer una plazuela en un solar que se hallaba de la otra parte de la zanja, en la calle real que va hasta la Residencia de los jesuitas, para que sirviese de "desahogo de las carretas que van y vienen al Riachuelo".

Los carreteros "del tráfico del Riachuelo" cobraban en 1748 doce reales por cada viaje desde el Riachuelo a la ciudad; pero el 22 de octubre el Cabildo ordenó que se sujetasen a la antigua costumbre de cobrar un peso.

La Colonia del Sacramento se alimentaba con el trigo y los víveres de Buenos Aires. Sus pobladores los pagaban más caros que los de esta ciudad y por ello los comerciantes trataban de exportarlos.

A ello se oponía el Cabildo y es así como el 3 de agosto y el 30 de septiembre de 1750 dió órdenes para evitar la "extracción de víveres por el puerto del Riachuelo con destino a Colonia del Sacramento".

Sabido es que las calles de Buenos Aires no comenzaron a empedrarse hasta fines del siglo XVIII. No obstante, desde mediados de ese siglo el gobierno y el Cabildo estudiaban el modo de comenzar esa obra.

El 10 de febrero de 1757 los regidores propusieron al teniente de gobernador de don Pedro de Cevallos que para calzar las encrucijadas de las calles con piedra debía obligarse a las lanchas que hacían el tráfico de Buenos Aires al Uruguay a "que en cada viaje traigan una carretada de piedra y la descarguen en el Riachuelo con lo que se facilitará la compostura de dichas calles" .

El relleno que a fines del siglo XVIII iban experimentando el canal submarino y el curso Norte del Riachuelo hicieron pensar a los cabildante, el 17 de mayo de 1768, en lo útil que sería "un muelle en el bajo del Retiro que por la gran dificultad que hay en salir y entrar las lanchas en el Riachuelo a causa de tan poca agua que tiene el canal de su entrada y su estrechez. se padecen los riesgos de perderse, esperando el tiempo proporcionado de- agua y viento, pues de un y otro necesitan con aumento de fletes de dichas lanchas por estas demoras y riesgos, todo lo que se evitaría con dicho muelle en dicho sitio, donde se sabe hay canal capaz de embarcaciones grandes y en todos tiempos se les puede dar resguardo con pronta salida y entrada".

La conveniencia de construir un muelle volvió a tratarse en el Cabildo el 3 de diciembre de 1771.

"No puede menos este noble cuerpo -decía el Cabildo- que confesar la utilidad de dicho muelle, pues es constante que sido tan estrecho el canal del Riachuelo y con poco fondo se necesita para entrar y salir las lanchas marea crecida y viento proporcionado, y como en este río no hay días ni hora cierta para dichas mareas, ni aunque estas se logren, si el viento no es favorable no pueden navegar. es consecuente el haber unas demoras perjudiciales al pronto despacho del real servicio..."

Por todas estas razones aumentaban los fletes de las lanchas "a que se agrega lo distante del paraje en que descargan en dicho Riachuelo, lo intransitable que se pone con las aguas el camino, y aun sin estas, por sólo las crecientes".

Los carreteros cobraban un peso, doce reales y dos pesos por carretada, "conduciéndose de los Hornos, en igual distancia, los ladrillos por tres y cuatro reales cada carreta".

Estas últimas líneas nos fijan con exactitud la posición del desembarcadero del Riachuelo: se hallaba a la entrada del Riachuelo, conforme hemos probado en páginas anteriores, debajo de los Hornos de San Pedro.

"En igual distancia" las carretas que venían por lo alto de la barranca cobraban tres y cuatro reales, y las que tenían que subir desde el bajo, a cada: instante inundado, llegaban hasta a dos pesos.

Los pulperos no abandonaban su costumbre de ir a comprar en el Riachuelo y en el río de las Conchas los géneros alimenticios para revenderlos más caros en la ciudad.

El 17 de enero de 1775 el Cabildo resolvió. pedir al gobernador que mediante un bando ordenase "que toda la leña, carbón y demás géneros de abasto hayan precisamente de venir a la plaza donde deban mantenerse el término de cuatro horas para que todos los vecinos se provean de ellos".

El 13 de abril de 1780 el virrey Vértiz promulgó un auto en el que suspendía la obligación que tenían los comerciantes que importaban frutos del Paraguay de desembarcar1os en Santa Fe y permitía que "todos los comerciantes que navegan los frutos de la provincia del Paraguay por el río Paraná que los puedan libremente conducir hasta estos puertos de las Conchas o Riachuelo sin tocar en el de Santa Fe".

Desde este año, como es lógico, aumentó considerablemente el tráfico en el puerto del Riachuelo.

El 2 de septiembre de 1783 se consideró en el Cabildo la propuesta de prohibir la entrada de los carros y carretas para que no estropeasen las calles de la ciudad.

"De esta demarcación -dijeron los cabildantes- se deberán exceptuar los bajos del río porque siendo el tráfico del Riachuelo bastante considerable y no tan urgente aquel terreno para el común uso de la gente, podría por ahora tolerarse el concurso de los carruajes por esta parte a fin de que los costos de las condiciones no sean tan gravosos, bien que sería muy oportuno el que allí mismo se destinase caminos o pasajes distintos para el tránsito de las gentes y carruajes una vez que se encuentre espacio bastante para que en esta alternativa no padezca el público y se facilite la conducción de los efectos y comestibles con más facilidad y equidad".

Este acuerdo tiene especial importancia porque señala el momento en que las carretas que antes iban desde la entrada del Riachuelo a la ciudad, parte por el bajo y parte por el alto, comenzaron a hacer el trayecto exclusivamente por el bajo.

La piedra que se traía de la isla de Martín García para empedrar las calles de Buenos Aires al principio se descargaba en el puerto del Riachuelo; luego fue depositada en el bajo del fuerte. actual plaza de Mayo; pero el 1°de octubre de 1790 el virrey pidió al Cabildo que informase acerca de la conveniencia de volver a descargar "la piedra que se conduce de la otra banda a esta capital...en los márgenes del Riachuelo".

Los cabildantes dieron vista de este expediente al procurador general.

El conde de Liniers y su hermano Santiago hicieron gestiones para que se les permitiese instalar una fábrica de gelatina a orillas del río, en la quinta de Martín José de Altolaguirre; pero el procurador general se manifestó contrario a esta instalación por temor "a que las aguas donde el pueblo iba a hacer provisión para beber, se llenasen de suciedades”.

Al efecto recordó que "Don Francisco Alvarez Campana tuvo obraje de curtiembre en el Riachuelo y causó tal daño que salían los pescados muertos con la fortaleza de las aguas que se arrojaban y corrían al mismo Riachuelo".

No creemos necesario, por el momento, traer mayores datos sobre el Riachuelo y su puerto. Con los expuestos basta para demostrar que la mayor parte del comercio fluvial de Buenos Aires se concentró en el siglo XVIII en el puerto del Riachuelo.

FUENTES:

ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN, Acuerdos del extinguido Cabildo de Buenos Aires, Buenos _Aires”, 1927, Serie 11, t. IV, libros XVII y XVIII; Buenos Aires, 1927, Serie 11, t. V, libros XVIII y XIX; Buenos Aires, 1928. Serie 11, t. VI, libros XXI, XXII y XXIII; Buenos Aires, 1929, Serie 11, t. VII, libros XXIII y XXIV; Buenos Aires, 1930, Serie 11, t. VIII, libros XXIV y XXV; Buenos Aires, 1931, Serie 11, t. IX, libros XXV, XXVI y XXVII; Buenos Aires, 1926, Serie III, t. 11, libros XXX, XXXI. XXXII y XXXIII; Buenos Aires 1927, Serie nI, t.III, libros XXXIII, XXXIV y XXXV; Buenos Aires,1928, Serie III, t. IV, libros XXXV y XXXVI; Buenos Aires, 1928, Serie liI, t. V, libros XXXVI al XL; Buenos Aires, 1930, Serie III, t. VII, Libros XLIV a XLVII; Buenos Aires, 1931, Serie 111 t. IX. Libros XLIX, L, LI y LII. Conf. las fechas citadas.

 

XIX . EL RIACHUELO COMO LIMITE DE LA CIUDAD

Ningún lector, por menos especializado que sea, necesita que le expliquemos que la ciudad de Buenos Aires, en la época que nos ocupa, no tenía ni la extensión ni los límites que tiene hoy en día.

El Riachuelo se hallaba fuera del ejido de Buenos Aires; pero en la práctica parecía que constituía, como en la actualidad, parte del perímetro de la ciudad. Lo que se hallaba de "esta banda" tenía un valor mucho más grande que lo que estaba "de la obra banda".

La vida de la ciudad se extendía, en todo orden de cosas, hasta las orillas del Riachuelo, desde su embocadura hasta el pago de la Matanza. No es extraño, pues, que al fijarse los límites definitivos de Buenos Aires, el Riachuelo se haya tomado como división natural entre la ciudad y la provincia.

El 14 de agosto de 1732 don Bartolomé de Montaner presentó un memorial al Cabildo en que manifestaba que no tenía ninguna tierra en que hacer una huerta para mantener a su familia y esperaba que se le hiciese merced "de un rincón que está de esta banda del Riachuelo de los navíos, fuera del ejido, en frente de la Chacrilla de los reverendos Padres del orden de Predicadores, que comúnmente llaman el rincón del remolino. que pertenecía a este Cabildo y que ha más de cien años que estaba valdío ".

El frente de este terreno debía medirse "corriendo al sur río arriba hasta encontrar con el rincón que tiene cercado de zanja Simón Arias de Saavedra, y el fondo por el bañado del Riachuelo a la barranca de la tierra firme, en el rumbo que se miden las tierras de la Matanza, a cuyo pago correspondía".
Montaner obtuvo la merced perpetua de ese lugar.

Los ganados que pastaban en las chacras solían arruinar los sembrados. Cuando había que hacer la cosecha se ordenaba a los chacareros y estancieros que "los retiren para la otra banda de las Conchas, los unos, y los otros de la otra banda del Riachuelo, todo el tiempo que durare la cosecha, pena de perdimiento de dichos ganados... "

Así se dispuso, por ejemplo, el 18 de mayo de 1742.

En el mes de agosto de 1771 el regidor Gregorio Ramos Mejía propuso en el Cabildo que los molineros que tenían sus tahonas entre la plaza Mayor y el alto de San Pedro echasen sus caballos a pastorear del otro lado del Riachuelo", y "los que las tienen de la plaza a el Retiro los pueden pastorear en el bañado de Palermo".

Las medidas de tierra se tomaban siempre desde algún punto del Riachuelo.

El 13 de septiembre de 1783 los regidores convinieron en que el remedio más eficaz "sería el de hacerse una mensura general en las tierras que llaman de la costa o Monte Grande, comenzando por la Cruz de San Sebastián, donde dan principio las chacras, y en las del Riachuelo de los Molinos, dando principio por el cañón que demarca el fin del ejido, sobre la barranca grande, deslindándose todos los territorios en los frentes y fondos, según los rumbos que prescriben los documentos inclusos en este expediente..."

La vida de la ciudad de Buenos Aires se detenía, por el Sud, en el Riachuelo como si este límite la separase en forma radical de las tierras que comenzaban en la otra orilla. El Riachuelo era una barrera natural que marcaba desde entonces el verdadero perímetro de nuestra capital.

FUENTES:

ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN, Acuerdos del extinguido Cabildo de Buenos Aires, Buenos Aires, 1928, Serie II, t. VI, Libros XXI, XXII y XXIII; Buenos Aires. 1930, Serie II, t. VIII, Libros XXIV y XXV; Buenos Aires, 1928, Serie III. t. IV Libros XXXV y XXXVI; Buenos Aires, 1930, Serie III, t. VII, Libros XLIV a XLVII.

 

XX . EL PAGO DE LA MATANZA

La historia del pago de la Matanza no entra en el tema de este trabajo. Sin embargo, por hallarse tan próximo a Barracas y a la Boca del Riachuelo merece una ligera atención.

Su nombre comienza a figurar en los primeros años del siglo XVII. Hay dos teorías igualmente respetables sobre el origen de su nombre. Según unos autores la designación de la Matanza recuerda un gran combate que Juan de Garay sostuvo contra los indios precisamente en ese lugar.

Según otros autores ese punto se llamaría de la Matanza porque allí se sacrificaba a los ganados.

El combate de Garay está muy bien documentado. En cambio no hay pruebas decisivas de que la matanza de ganado a comienzos del siglo XVII se haya hecho con exactitud en esa zona.

Lo único que hace pensar en esta posibilidad es que la aguada hubiese sido un buen punto de reunión para los ganados.

Hay otra tesis del Sr. Félix F. Outes, consistente en hacer remontar el nombre de la Matanza a los tiempos de Mendoza, por el combate de Corpus Christi equivocadamente situado a orillas del Riachuelo; pero las deleznables suposiciones en que se apoya no dan a esta tesis ninguna seriedad.

Lo indudable es que el pago de la Matanza comenzó a ser habitado por algunos ganaderos y chacareros a comienzos del siglo XVII y siguió poblándose cada vez más rápidamente.

En la Historia de la ciudad de Buenos Aires que edita la Municipalidad de la Capital, puede verse la crónica y descripción de todos los asaltos que en numerosas oportunidades los indios llevaron contra los pobladores del pago de la Matanza.

En estas páginas sólo recordaremos que el 27 de julio de 1756 en el Cabildo "se leyó un pedimento presentado por el Señor Procurador General por el que se da cuenta de las extorsiones y gravámenes que ejecuta Miguel Manuel Domeque, recaudador de las alcabalas del campo, a los vecinos moradores del pago de la Matanza en la cobranza de ellas, pues dice que aún de la leche y del ganado que matan para comer en sus casas..."

Vemos, pues, cómo en la práctica el pago de la Matanza era un verdadero suburbio de Buenos Aires.

FUENTES:

ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN, Acuerdos del extinguido Cabildo de Buenos Aires, Buenos Aires, 1926, Serie III, t. 11, Libros XXX, XXXI, XXXII y XXIII, página 10.

RÓMULO ZABALA y ENRQUE DE GANDIA, Historia de la ciudad de Buenos Aires Buenos Aires, 1937, tomo 11.

 

XXI . EL PUENTE SOBRE EL RIACHUELO

El puente del Riachuelo necesitó cerca de un siglo de proyectos y de solicitudes para que quedase instalado. Ya el 22 de diciembre de 1731 don José de Esparza expuso en el Cabildo que "sin embargo de la larga experiencia que tiene de los caminos del Riachuelo pasó a su reconocimiento y halla de que en la cabeza de un arroyo, el más inmediato, adonde se halla al presente la guardia, se podrá hacer un puente de madera y cal y ladrillo".

El único arroyo contiguo a la guardia nueva del 1722 era el que corría por la zanja que más tarde se llamó de Gregorio o Goyo Viera y en el siglo XIX llevó el nombre de zanjón de Granados.

Este puente no era todavía sobre el Riachuelo, sino sobre el camino que conducía a la guardia del Riachuelo.

Otro proyecto de construir un puente en la zanja del Hospital (calle Chile) lo hallamos el 18 de febrero de 1768.

En esta fecha "se hizo presente -en el Cabildo- que habiendo emprendido el celo del excelentísimo señor gobernador y capitán general la obra de unas bajadas al río y alameda de que carecía el pueblo para su mayor comodidad y lucimiento y teniendo asimismo proyectado hacer un puente en la zanja que llaman del Hospital y seguirá luego un camino hasta el Riachuelo para la facilidad del giro del comercio del río que padece muchos inconvenientes por razón de los pantanos que en el tiempo de lluvias dificultan el tránsito al Riachuelo y barracas, con grave perjuicio del común...”

Hasta este momento -1768- las aspiraciones de los vecinos de Buenos Aires eran las de llegar al Riachuelo; aún no deseaban cruzarlo porque la gente que se trasladaba a la banda del Sud era poca y para ello utilizaba la canoa de un lanchero; pero el 10 de febrero de 1779 los regidores expusieron en el Cabildo "la precisa necesidad que hay de hacer un puente en el paraje del Riachuelo que llaman la canoa, u otro que se tenga por más conveniente en dicho Riachuelo para el continuo tráfico de las muchas gentes que por él transitan sin que puedan pasar carretas con perjuicio de un gran rodeo que toman para ello".

En seguida se resolvió encomendar al procurador general una información sobre la utilidad del puente, los materiales con que se había de construir "y lo que se ha de contribuir así por los que pasen a caballo como por las carretas".

El puente en el paraje de la canoa no se construyó en 1779.

En aquel entonces la obra pública más insignificante requería largos años de discusiones.

El 5 de febrero de 1784 el alcalde de primer voto hizo presente en el Cabildo que los vecinos de Buenos Aires, aunque fuese a sus expensas, debían disfrutar los "copiosos frutos que produce el amenísimo territorio del pago de la Magdalena", que para ello no había "otro tránsito más cerca que el puerto llamado de las Barracas y por medio de una canoa en donde no solamente se experimentan riesgos, sino que no pueden pasar carruajes ni bestias".

Los labradores y vecinos del pago de la Magdalena debían dirigirse a mayores distancias "y sufrir la impertinencia de demorarse en las crecientes del Riachuelo de los Molinos".

Las personas que utilizaban la canoa debían soportar los caprichos "de un individuo que usa de ella a su arbitrio y cuando se le antoja, después de participar y hacer cobranza del pontazgo, sin que hasta ahora se tenga positiva noticia del origen de esta gabela ni de la real aprobación que se considera precisa para que haya subsistido y subsista".

Para evitar estos inconvenientes no había otro recurso que construir un puente de madera en el puerto de Barracas o en otro lugar; conforme se había hecho "en el río de Luján o de las Conchas, a expensas de los propios de este M. l. C. o por medio de subasta pública bajo de las justas proposiciones que hagan los licitadores".

Un año después de esta resolución -el 19 de febrero de 1785- se leyó en el Cabildo el informe del procurador general en que manifestaba "la necesidad y utilidad de construirse un puente en el paraje que: llaman de las Barracas".

Los regidores resolvieron ampliar las noticias con una información sumaria en que se hiciese constar la necesidad que indicaba el procurador y el pontazgo que pagaba la gente que utilizaba la canoa. Esta información debía ser presentada por el alcalde de primer voto en "el primer acuerdo que se celebre, a fin de deliberar"; pero, como de costumbre, el tiempo pasó y casi dos años después, el 20 de noviembre de 1786, el Cabildo se dirigió al gobernador intendente don Francisco de Paula Sanz para exponerle la conveniencia de construir dos puentes, uno en el río de los Arrecifes y el otro "en el paraje que llaman las Barracas".

El puente sobre el Riachuelo, en el paraje de las Barracas, fue puesto a remate y en la tercera almoneda del 28 de noviembre de 1799 lo remató por cinco años don Juan Gutiérrez Gálvez. en seiscientos pesos anuales "pagados por tercias partes".

Gutiérrez Gálvez. terminó la construcción del puente el 1° de diciembre y se comprometió a tomar a su cargo "todas las composturas, refacciones y ruinas de dicho puente y la obligación de entregarlo a la conclusión de su remate bien reparado y acondicionado a satisfacción servible".

El 6 de diciembre de 1799 los cabildantes acordaron informar al virrey de todos estos hechos.

Queda, pues, establecido que el primer puente sobre el Riachuelo fue inaugurado en Barracas el 1° de diciembre de 1799 y que su constructor fue don Juan Gutiérrez Gálvez.

En el siglo XIX a este puente se le dió comunmente el nombre de puente de Gálvez.

FUENTES:

ARCHIVO GENERAL DE LA NACION, Acuerdos del extinguido Cabildo de Buenos Aires, Buenos Aires, 1928, Serie 11, t. VI, libros XXI, XXII y XXIII; Buenos AIres, 1927 Serie 111, t. 111, Libros XXXIII, XXXIV y XXXV; Buenos Aires, 1929, Serie 111, t. VI, Libros XL a XLIV; Buenos Aires 1930, Serie 111, t. VII, Libros XUV a XLVII; Buenos Aires, 1930, Serie 111, t. VIII, Libros XLVII a XLIX, y Buenos Aires, 1933, Serie 111, t. XI, Libros LIV a L\'II.

 

 

XXII . LAS BARRACAS

En algunos planos de Buenos Aires de fines del siglo XVIII, como en los de Barrientos y Ozores, hállase señalada una faja de terreno, entre las actuales barrancas del Parque Lezama y la parte del Riachuelo donde figura la vuelta de Rocha, con esta inscripción: "Las Barracas y tierras de doña María Basurco".

No aparece el punto exacto en que se encontraban las barracas.

Como eran construcciones precarias para almacenar cueros y otros frutos del país que debían embarcarse en el Riachuelo, o sino recibir las mercaderías que llegaban del exterior. sin duda estaban dispersas en las partes menos anegadizas e inundables del bajo del Riachuelo, sobre la zona de la orilla izquierda.

Es muy posible que las barracas hayan comenzado a levantarse en el bajo desde comienzos del siglo XVII. La mención de las barracas es común en todo el siglo XVIII.

El 14 de junio de 1719 en el Cabildo se leyó un auto del gobernador, fechado el 12 de Junio, en que disponía que ciertas personas "continúen y fenezcan el hacer los cueros que a cada uno se les repartió y los entreguen en las Barracas a la persona que su señoría señalare".

El 8 de julio de 1730 volvemos a hallar en los Acuerdos del Cabildo una mención semejante:

“Acordose también de cómo algunos vecinos de los fabricadores de cueros de toro estaban prontos a entregarlos en las Barracas para el reintegro de los que se tomaron prestados para venderlos a don Francisco de Alzaibar..."

Barracas las hubo en diversas partes de la ciudad. Por ejemplo las barracas a que nos vamos refiriendo no son las que el ingeniero José Bermúdez dibujó sobre la barranca, en el actual parque Lezama, en sus planos de 1709 y 1713.

Estas barracas servían a la compañía de Guinea para guardar a los negros que llegaban del Africa. Otras barracas eran las del Real Asiento de Inglaterra, en el Retiro. A ellas se refieren varios acuerdos del Cabildo, como los del 16 de abril y 24 de mayo de 1733.

Siempre se las menciona en esta forma: "Las Barracas de el Real Asiento de Inglaterra"'.

En cambio, cuando se habla de las del Riachuelo se suele decir "Las Barracas de el Riachuelo". Por ello, cuando en un documento se alude a las Barracas y no se dan otros datos que puedan señalar su situación hay siempre fuertes dudas para saber de qué barracas se trata.

El 22 de mayo de 1751 se leyeron en el Cabildo "las diligencias que habían practicado los señores diputados para contar los cueros de las barracas de el Riachuelo". En la "barraca de don José Viene" había más cueros que los que había declarado en la relación jurada. Por esta causa los regidores dieron vista al procurador "para que pida lo que hallare por conveniente".

Como vemos, en el Riachuelo cada comerciante tenía su barraca. Todas ellas constituían el conjunto llamado las Barracas.

Ya hemos hablado en otro capítulo, de las medidas que se tomaron para arreglar el camino de Barracas y el puente del Riachuelo en los acuerdos del 18 de febrero de 1768, del 5 de febrero de 1784, del 19 de febrero de 1785 y del 20 de noviembre de 1786.

La apertura del "boquete" en la costa del Riachuelo, en los años 1785, 86, que terminó por formar la boca Este y cegar el brazo Norte, hizo sentir muy pronto sus efectos en las lanchas que seguían la canal submarina y entraban en el Riachuelo por la boca situada frente al alto de San Pedro.

El 27 de septiembre de 1788 el procurador general expuso en el Cabildo que el capitán del puerto había "intimado a todos los patrones de las lanchas que trafican este río, previniéndoles que precisamente entren con las embarcaciones en el Riachuelo para descargar en las Barracas y prohibiéndoles que no descarguen ni alijen en el paraje que llaman el Asiento, frente de la real Aduana. donde estas dos operaciones se ejecutaban con frecuencia".

Los cabildantes tomaron en seguida las medidas necesarias para evitar al público las "molestias" que la orden del capitán del puerto podía ocasionarle.

El 30 de septiembre dirigieron al virrey marqués de Loreto una representación a fin de que hiciese componer los caminos que conducían a Barracas. En este documento hay indicaciones preciosas para conocer los pormenores topográficos de esos lugares.

Comenzamos por leer que "el trajín en el Riachuelo de los navíos y de las embarcaciones que navegan en este río" hallábase situado en "el paraje que llaman las Barracas".

A continuación nos enteramos que “en los dos caminos que se reúnen en el único por donde se va a las Barracas y aun en este único inmediato a la quinta de doña María Josefa de Alquizalete hay unos pantanos considerables que impiden el tránsito y el transporte de mercaderías y frutos sin un riesgo considerable de los carruajes, de las bestias que les conducen y aun de los mismos efectos y frutos".

La quinta de doña María Josefa de Alquizalete se encontraba en la "calle larga", actual avenida Montes de Oca, y ocupaba parte de las actuales calles Brown, Alegría e Isabel la Católica. Sabido es que en esa quinta se levantaba el oratorio de Santa Lucía, que también dió nombre a la Calle Larga, luego llamada Montes de Oca.

"Las aguas que vierte el camino por la barranca de la chacra de Santo Domingo -proseguía el documento que estamos glosando- se detienen en la confluencia del otro camino que viene por el bajo y allí se forma un pantano de magnitud que imposibilita el pasaje. Casi lo mismo sucede en los otros dos caminos, de suerte que es necesario dar a estos terrenos alguna más elevación para que las aguas no se detengan y derramen brevemente en el Riachuelo, bien sea abriendo una canal por medio de las quintas o de otra manera”.

En la segunda presentación dirigida al virrey por el Cabildo en la misma fecha del 30 de septiembre de 1788 se le rogaba que hiciese suspender la orden del capitán del puerto "y que se permita el alijo y descarga de las lanchas en el asiento donde antes se ejecutaba siempre que haya necesidad y urgencia como se experimenta con frecuencia".

El capitán del puerto había ordenado que las lanchas siguiesen navegando por el curso Norte del Riachuelo para impedir que con el nuevo boquete se cegase del todo. La menor cantidad de agua que corría cada día no permitía que las lanchas navegasen cargadas.

Por ello el Cabildo dirigió una tercera representación al virrey en la cual se le explicaba "el perjuicio que se origina al público en que estas aguas varíen del destino antiguo no depende sólo de que se derramen por él boquete. sino que como se distribuyen no lleva la canal ni tanta agua, ni tanta rapidez como la que se necesita para limpiarla del cieno que producen los terrenos por donde corren las aguas del Riachuelo y arrastran sus vertientes",

El Cabildo manifestaba que era forzoso cerrar ese "portillo, porque de lo contrario no se podrán separar en lo sucesivo, no siendo a costa de gastos inmensos".

El 2 de junio de 1789 los cabildantes vieron el expediente que se había formado "con el motivo de componerse los pantanos que hay en los caminos de las Barracas" y resolvieron convocar a los quinteros del Riachuelo y a los carretilleros a fin de resolver qué contribución debían pagar para formar un fondo con el cual arreglar los caminos.

Es sabido que el 20 de abril de 1790 se impuso a las carretas "que giran a las Barracas" la obligación de traer, al regresar vacías, la piedra que a orillas del Riachuelo habían depositado las lanchas de Martín García para empedrar la ciudad.

En el informe que el virrey Arredondo dejó a su sucesor en el año 1790 le dió cuenta de haber formado "un camino anchuroso y apacible por el bajo de la Residencia al puerto de Barracas,. camino que costó muchas fatigas y que no dudo agradará a V, E. por su apertura y piso consistente y por su poquito de amenidad a los costados que dentro de poco tiempo ya será muy frondosa".

Los negros bozales que se traían del Africa a menudo se hallaban llenos de enfermedades que contagiaban a los vecinos de Buenos Aires. Un bando del virrey dispuso el 3 de diciembre de 1793 que los negros se desembarcaran en Barracas y no en otros lugares, y que sólo pudiesen bañarse en el Riachuelo desde la guardia allí establecida hacia abajo".

Don Francisco de Mesa estaba encargado en 1792 de cuidar el "camino que va a Barracas"; pero como tuvo que trasladarse al Uruguay pidió al Cabildo que se le nombrase a un sucesor.

Los cabildantes designaron a don José Collazo el 20 de abril de 1792 "por ser uno de los vecinos más acomodados e interesados en la conservación del camino".

Si tuviéramos que buscar otras noticias referentes a Barracas en el siglo XVIII, recordaríamos que el 27 de junio de 1796 -cuando había gran carestía de harina en Buenos Aires- se denunció en el Cabildo que algunos comerciantes "han embarcado diferentes carretillas de harina a deshoras de la noche en las barracas del Riachuelo";

pero con lo expuesto creemos que hemos aportado suficientes datos para demostrar cómo se fue formando el poblado de Barracas y cómo este nombre designó desde un principio la zona del bajo que hoy se conoce con la denominación de Boca del Riachuelo.

FUENTES:

ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN, Acuerdo del extinguido Cabildo de Buenos Aires, Buenos Aires,1927, Serie JI, t. IV, Libros XVII y XVIII; Buenos Aires, 1928 Serie II, t. VI, Libros XXI, XXII y XXIII; Buenos Aires. 1926, Serie III, t. 1, Libros XXVII, XXVIII, XIX y XXX; Buenos Aires. 1930, Serie III, t. VIII, Libros XLVII. XLVIII y XLIX; Buenos Aires, 1931, Serie 1lI, t. IX, Libros XLIX, L, LI y LII; Buenos Aires,1932, Serie III, t. X, Libros LJI, LIII y LIV, y Buenos Aires, 1933, Serie lIl, t. XI, Libros LIV a LVII.

VICENTE G. QUESADA, La ciudad de Buenos Aires, en La Revista de Buenos Aires, Buenos Aires, 1869, tomo XVIII pp. 17 a 56.
Informes del Virrey Arredondo, en la Revista de la Biblioteca Pública, t. 1II, pp. 319 y sigts.

RÓMULO ZABALA y ENRIQUE DE GANDIA, Historia de la ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, 1937, t. II.

 

XXIII . LA ADUANA DEL RIACHUELO

La aduana del Riachuelo fue en un principio -como hemos referido en un capítulo anterior -la guardia establecida en el bajo, al pie de la punta de doña Catalina, actual parque Lezama, y luego trasladada a un lugar "más eminente", frente a la entrada del Riachuelo y cerca del alto de San Pedro, en 1722.

Hemos anotado, en el capítulo correspondiente, algunas noticias referentes a esta segunda guardia y ahora proseguimos su pequeña historia.

El 19 de mayo de 1770, en Madrid, la Contaduría General presentó un informe acerca de lo que habían resuelto los oficiales reales de Buenos Aires de acuerdo con la Junta de real hacienda.

El 18 de mayo de 1768 los oficiales reales habían manifestado la urgente necesidad de construir una aduana de tres piezas en las cuales poder vivir y reconocer los fardos de ropa, porque las descargas ya no se hacían en el pequeño puerto de la guardia del Riachuelo, sino "un cuarto de legua más arriba de dicha casa y en el paraje nombrado las Barracas".

El proyecto de construir una aduana "en el paraje llamado las Barracas" pareció bien fundado a la Contaduría General, pues "la barraca de paja”, "la única que a ese efecto parece hay", en la cual se guardaban los pertrechos y armamentos de las embarcaciones corsarios, no podía servir para todos los fines de la aduana.

La Contaduría también hallaba conveniente la construcción de un muelle de madera.

El 16 de junio de 1770 aprobó el proyecto el Consejo de Indias.

Sin embargo, la construcción de una aduana en Barracas no llegó a tener efecto.

El 29 de diciembre de 1785 el intendente general de Buenos Aires, don Francisco de Paula Sanz, dirigió al secretario del Consejo don José Gálvez una extensa comunicación en la cual le refería que su antecesor había alquilado "para casa de aduana el edificio que llaman la Ranchería, perteneciente a los indios misionarios guarenís, con el anual alquiler de setecientos pesos, porque le pareció que contenía las piezas necesarias para oficinas y almacenes”.

Había otra casa en mejores condiciones, próxima al río, conocida con el nombre de el Asiento y perteneciente a don Vicente de Azcuénaga, pero no había sido posible alquilarla por "el asombroso alquiler de tres mil y seiscientos pesos al año que les pidió por ella"'.

Con la permisión del comercio libre se había comprobado que la aduana de la Ranchería no era suficiente y entonces fue posible alquilar la casa de Azcuénaga en mil setecientos pesos anuales. El contrato se hizo el 5 de noviembre de 1783 "logrando con esta providencia que ambos ramos de comercio marítimo y terrestre en sus entradas y salidas se introdujeran y extraigan precisamente en los almacenes de la aduana y se despachen con todo el rigor que previene la instrucción de su gobierno". De este modo la aduana no dejó de funcionar en el Riachuelo, primero, y en la Ranchería, después, hasta quedar instalada definitivamente junto al fuerte.

Para facilitar la carga y descarga se había "sujetado al río y producido una vasta plazuela".

La instalación provisoria de la aduana en la Ranchería, situada en el centro de la ciudad, había sido un verdadero desastre, pues las carretas debían conducIr los fardos desde d puerto hasta la Ranchería y en el camino se empantanaban de tal manera que no bastaban, a menudo, cuatro, o más yuntas de bueyes para hacerlas arrancar. En cambio, la casa de don Vicente de Azcuénaga se hallaba edificada a la "lengua del río, al centro de la ciudad, Norte Sur, en el propio desembarcadero".

Debemos hacer notar que con el relleno que experimentaba cada vez más el curso Norte del Riachuelo. los navíos descargaban frente al fuerte; y a la aduna, en el Retiro (Paula Sanz no creyó conveniente el establecimiento de una aduanilla en este lugar) y también en la boca Norte del Riachuelo, ya casi cegado.

El 5 de diciembre de 1792 el Cabildo ordenó a don Juan Rojas que retirase una estacada que había levantado en el bajo del río, "junto a la caída de las aguas de la zanja del Hospital, (calle Chile) ocupando parte de dicho camino por perjuicio del paso de los que transitan por aquel paraje que es el preciso desde el desembarcadero del Riachuelo a la real aduana"

Vemos pues, que aún en 1792 se utilizaba el desembarcadero del Riachuelo y que desde allí, por el bajo, hoy paseo Colón, las carretas se encaminaban a la aduana sita en la actual Plaza de Mayo.

FUENTES:

MUNICIPALIDAD DE LA CAPITAL Documentos y planos relativos al período edilicio colonial de la ciudad de Buenos Aires (recopilados por ENRIQUE PEÑA), Buenos Aires, 1910, t. III, pp. 31 a 69.
ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN, Acuerdos del extinguido Cabildo de Buenos Aires, Buenos Aires,. 1932. Serie III, t. X, Libros LIl, LIII y LIV.
RÓMULO ZABALA y ENRIQUE DE GANDIA, Historia de la ciudad de Buenos Aires, Bs. Aires, 1937, t. 11.

 

XXIV . EL TEMPORAL DE 1805

Los días 5 y 6 de junio de 1805 un temporal violentísimo azotó la costa de Buenos Aires y, como es natural, la boca del Riachuelo.

El ingeniero Eustaquio Giannini en una nota al virrey Sobremonte del 10 de junio le decía que el temporal había "destruído las casas del bajo del río con considerables pérdidas, y socabado la barranca inmediata a este fuerte".

El ingeniero don Joseph M. Cabrera en otra nota al ingeniero don José Pérez Brito atestiguaba que "en los 25 años que cuento destinado en este virreinato no había visto una sudestada tan fuerte”.

El capitán del cuerpo de ingenieros don Mauricio Rodríguez de Berlanga elevó otra nota el 28 de junio en la cual escribía que "no hay hombre, por anciano que sea, que se acuerde de una creciente semejante a la experimentada en los días 5 y 6 del corriente, en que ha subido el agua cinco pies y ocho pulgadas más que en la mayor antes señalada. (5,24 mts IGM) Las defensas de la Boca del Riachuelo se consideraron con recurrencias a cien años y de ellas se dedujo la cota en los 5 mts del IGM. FJA

Y como a esta se agregó el recio viento del S. E. se siguieron los incalculables daños, pérdidas y ruinas que ha sufrido este vecindario, quedando la ciudad, por la parte del río, con el horroroso y lastimoso aspecto que vemos".

Agregaba que "seria también útil que el gobierno prohibiese en la reedificación de las casas del bajo y en la construcción de las que se hagan nuevas, la arbitrariedad y desorden con que han estado colocadas, haciendo la ciudad por la parte que primero representa a la vista del que viene por mar, de un aspecto ridículo, mandando que se fabriquen unidas sobre una línea regular que se les marque..."

En el Manifiesto sobre el puerto de Buenos Aires y demás proyectos de este Río de la Plata. dejaba constancia que "al frente del fuerte, entre este y el agua, había una gran plaza que no existe, y las demás barrancas del frente de la población avanzaban mucho más que en el día".

Don Antonio María Durante en su Exposición también confirmó que "el último. temporal no sólo ha destruído gran porción de edificios, sino que ha rebajado en muchas partes el terreno, de tal modo que apenas ha dejado idea de lo que era antes".

No bien producido el temporal, don Pedro Marcó y don Antonio Islas recogieron una cantidad de limosnas con que socorrer a los numerosos damnificados.

El 11 de junio el virrey envió un oficio al Cabildo para que esas limosnas se distribuyesen con intervención de los alcaldes, del síndico procurador general y de un regidor designado por el Cabildo. Sabemos por el acuerdo del 10 de julio que estas limosnas ascendían a cinco mil setecientos setenta y cuatro pesos con seis reales, incluso mil quinientos pesos dados por el Tribunal del Consulado.

FUENTE:

Revista del Archivo General de Buenos Aires, 1870, t. II, pp. 443 a 445 y 450 a 475.
ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN, Acuerdos del extinguido Cabildo de Buenos Aires, Buenos Aires,1926, Serie IV, t. II, Libros LIX, LX, LXI y LXII.

 


XXV . EL PARTIDO DE BARRACAS

Barracas no tardó en convertirse en partido y en contar con el correspondiente alcalde de la hermandad.

El 30 de enero de 1811 don Andrés Hidalgo, por excusación de don Pedro Pérez, prestó el correspondiente juramento en manos del corregidor más antiguo.

En diciembre de 1805 era comisionado del Superior Gobierno en Barracas don Juan Manuel Collantes. Este caballero había presentado títulos falsos de cirujano y hecho estafas al público.

El 1° de enero de 1801 fue nombrado alcalde de la hermandad "para la banda del Sur" don Francisco Piñeiro.

El 4 de abril de 1807 prestó juramento para este mismo cargo don Vicente Pelliza.

El 6 de marzo de 1812 el Cabildo recibió un oficio del Gobierno fechado el 29 de febrero, en que confirmaba el nombramiento de don Francisco José Suárez como alcalde de hermandad del partido de Barracas.

Sabido es que los sucesos de la Independencia hicieron tomar ciertas medidas de rigor a las nuevas autoridades nacionales.

El 1° de julio de 1812 el Cabildo recibió un oficio del Gobierno con fecha del día anterior en que daba cuenta "haber decretado la expulsión de la maestranza compuesta de españoles europeos situada en Barracas y la de todos los que por su estado y circunstancias deban alejarse de nuestras riberas".

El mismo día 10 de julio el Gobierno hizo saber al Cabildo que lamentaba "la equivocación con que habían procedido los alcaldes de barrio de los cuarteles número seis. quince, dieciseis y veinticinco en el cumplimiento de la orden de expulsión de la clase de españoles europeos de la maestranza de Barracas y algunos otros de los cuarteles nominados, haciéndola extensiva a todos los vecinos europeos indistintamente".

El 10 de enero de 1814 fue nombrado alcalde de la hermandad de Barracas don Carlos Aldaz.

El 8 de noviembre de ese mismo año el Cabildo vió el informe del vicario general don Diego Estanislao Zabaleta, del 20 de octubre, referente a "la solicitud de los vecinos de Barracas para que se interpongan los respetos de este Ayuntamiento a fin de que se permita al religioso fray José Baca continuar en el desempeño de las funciones de párroco de aquella feligresía".
Ei síndico opinaba que, “no obstante la buena conducta del religioso, no debe mezclarse en lo que respecta al gobierno de los regulares".

El 1° de enero de 1816 don Andrés Acosta fue designado alcalde de la hermandad en Barracas.

Al año siguiente ocupó este mismo puesto don Estanislao Linch.

En 1818 este cargo recayó en don Jerónimo González;
y en 1819, en don Pedro Molina.

El 29 de enero de 1819 el Cabildo nombró una comisión compuesta por el fiel ejecutor y don Manuel Bustamante para la construcción de dos corrales en San José de Flores y "al otro lado del puente de Barracas".

El fiel ejecutor manifestó al Cabildo el 2 de marzo haber encontrado "un terreno, al otro lado del puente de Barracas, de la propiedad de don Juan Bautista Zuluaga, aparente para establecer en él los corrales de abasto mandados levantar en aquel destino".

El Cabildo autorizó al fiel ejecutor para tratar el arrendamiento del terreno durante diez años.

El 4 de noviembre de 1819 el fiel ejecutor presentó al Cabildo la cuenta del rematador de corrales, don José María Yevenes, consistente en catorce pesos por "compostura del corral de Barracas".

Don Juan Manuel Alzaga fue nombrado alcalde del partido de Barracas el 13 de enero de 1820.

En la misma fecha fue reelecto alcalde de la hermandad para la banda del Sud don José Araos Alzaga renunció a ese cargo, pero el 25 de enero el Cabildo acordó "no hacer lugar a la renuncia".

El terreno de los corrales de Barracas había sido alquilado en ocho pesos al año; mas el Cabildo tardaba en abonarlos.

Don Juan Bautista Zuluaga reclamó el pago de los ocho pesos el 27 de mayo de 1820 y los regidores acordaron pagarle un año de arrendamiento.

El 16 de junio de 1820 el Cabildo resolvió enviar doce fusiles al alcalde de Barracas don Juan Manuel Alzaga.

El 11 de septiembre de 1821 el Cabildo acordó hacer donación al portero Uzin, por los numerosos años que había servido al Cabildo, de un terreno situado "al otro lado de Barracas, entre la quinta de Gálvez y la de Piñeiro”, conocido generalmente con el nombre de la ensenada del Cabildo, por ser un "terreno de ninguna consideración, en razón de ser anegadizo y que nada produce en el día, aunque a fuerza de industria podrá proporcionarle con el tiempo una escasa subsistencia".

Con los datos expuestos, contenidos en los Acuerdos del extinguido Cabildo de Buenos Aires, vemos el desarrollo que fue tomando la zona de Barracas en el primer cuarto del siglo XIX.

Manuel Ricardo Trenes en 1856, sostuvo que Barracas al Sud había comenzado a poblarse en 1840 por medio de unos ranchos y pulperías que progresaron rápidamente hasta convertirse en "la llave del comercio del Sud";
pero la documentación histórica que hemos analizado nos demuestra que Barracas tiene un origen mucho más antiguo.

FUENTES:

ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN, Acuerdos del extinguido Cabildo de Buenos Aires, Buenos Aires,1925, Serie IV, t. 1, Libros LVII, LVIII y LIX; Buenos Aires, 1926, Serie IV, t. II,Libros LIX, LX, LXI y LXII; Buenos Aires, 1927, Serie IV, t. IV, Libros LXV, LXVI y LXVII; Buenos Aires, 1928, Serie IV, t. V. Libros LXVII, LXVIII y LXIX; Buenos Aires, 1929 Serie IV, t. VI, Libros LXIX a LXXIV; Buenos Aires, 1930, Serie IV, t. VII, Libros LXXIV a LXXIX; Buenos Aires, 1931, Serie IV, t. VIII; Libros LXXIX a LXXXIII, y Buenos Aires, 1934, Serie IV, Libros LXXXIII a LXXXVIII.

MANUEL RICARDO TRELLES, Partido de Barracas al Sud, en el Registro Estadístico del Estado de Buenos Aires correspondiente al semestre 2° de 1855, segunda época, núms. 7 y 8 Buenos Aires, 1856, p. 45.

 


XXVI . LA BOCA DEL RIACHUELO

En el transcurso de esta monografía hemos podido comprobar que la única parte de la actual zona de la Boca del Riachuelo que comenzó a poblarse con algunas barracas fue la que se extendía al Sudoeste de la Capital.

Otras de las barracas allí situadas se encontraban más al Oeste, en lo que hoy sigue conociéndose con el nombre de Barracas.

Hay un mapa de Eustaquio Giannini del 1805, cuya parte Sud nunca ha sido publicada, que revela con preciosa exactitud la población y los caminos del valle del Matanza en el año citado.

Los caminos que iban a Barracas eran dos, conforme hemos explicado en capítulos anteriores.

Uno venía por el bajo, hoy paseo Colón, desde el fuerte hasta el actual parque Lezama. Aquí se alejaba de la costa y seguía al pie de la barranca, hacia el Oeste, hasta el oratorio de Santa Lucía, donde se encontraba con el camino que iba a Barracas, llamado de la ensenada de Barragán y Pampas (hoy avenida Montes de Oca). Este camino cruzaba el Riachuelo en el puente de Gálvez y de allí seguía hacia el Sud.

Un poco al Este del puente de Gálvez; pero sIempre a una discreta distancia de la vuelta de Rocha -nombre que comienza a figurar a fines del siglo XIX - se hallaban las Barracas.

El bajo del Riachuelo, la zona situada en torno al meandro de la vuelta de Rocha, estaba totalmente deshabitada. Eran unos terrenos anegadizos, expuestos a las continuas inundaciones, en los cuales era difícil el poder mantenerse y menos levantar casas y poblaciones estables.

Los navíos remontaban su curso hasta alcanzar la tierra "enjuta", cerca del puente de Gálvez, donde comenzaban las Barracas.

Sin embargo, a principios de 1807 se instalaron dos pulperías en la boca del Riachuelo y algunas otras en las orillas del Riachuelo hasta el puente de Gálvez.

El 29 de mayo de 1807 el Cabildo recibió un oficio de la Audiencia Gobernadora del 25 de ese mes "en que avisa que en conformidad a lo propuesto por este Ilustre Cabildo en informe producido al oficio del Comandante de marina, en que solicitó se quitasen las pulperías situadas en la boca y rivera del Riachuelo de Barracas por ser sumamente perjudiciales, había resuelto el Tribunal se quitasen las dos que están en la boca, dejando las demás que hay en aquellos parajes hasta el puente de Gálvez".

A pesar de esta prohibición las pulperías volvieron a establecerse más adelante y también se instalaron algunas barracas y cabañas de pobladores.

En 1836 un pintor célebre, C. E. Pellegrini, pintó "El puerto de los tachos", nombre que entonces se daba a la vuelta de Rocha. Se ve un barco anclado, las riberas bajas y estrechas y a la izquierda la primitiva barraca Peña.

Otro cuadro de Pellegrini reproduce el mismo lugar desde otro punto de vista. En él vemos siete casas o barracas, un barco y una lancha.

En la vuelta de Rocha es sabido que el almirante Brown preparó la escuadrilla con la cual obtuvo tantos éxitos.

El crecimiento de la boca del Riachuelo comenzó a verificarse en tiempos de Rosas y siguió firme y constante hasta la actualidad en que se le puede considerar como a uno de los barrios más poblados y ricos de la capital.

En 1868, cuando la nación Argentina se halIaba organizada, una obra de Lobo y Riuvadets describía el Riachuelo, en lo que hoy es el barrio de la Boca, en los siguientes términos: "Las márgenes están pobladas de almacenes. talleres y saladeros, en donde se preparan para su embarque todos los productos de exportación del país, lanas, cueros, sebo, etc. Tampoco faltan tabernas y cuantos establecimientos tienen relación con la gente de mar. Esto representa un barrio marítimo de importancia... Se tiene el proyecto hace bastantes años, de convertir el Riachuelo en un verdadero puerto, canalizándolo para admitir toda clase de buques, y terraplenando sus pantanosas orillas, a fin de convertirlas en hermosos y cómodos muelles, que permitan hacer con desahogo todas las operaciones mercantiles; las vicisitudes por que ha pasado y aun pasa este hermoso país, no habrán permitido a su gobierno realizar este gran proyecto".

En 1881, después de largos debates y proyectos, Eduardo Madero comenzó la construcción del gran puerto de Buenos Aires. Los trabajos fueron dirigidos por los ingenieros Tomás A. Walker, Dobson, Hayter y Hawkshaurt.

El meandro de la vuelta de Rocha fue cortado para dar lugar al cómodo fondeadero de hoy en día. Donde antes había corrido el cauce Norte del Riachuelo se excavaron los diques, y la boca del Trajinista fue rectificada para darle su posición actual.

FUENTES:

ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN, Acuerdos del extinguido Cabildo de Buenos Aires, Buenos Aires 1926. Serie IV, t. II, Libros LIX, LX, LXI y LXII.
EUSTAQUIO GIANNINI, Plano de Buenos Aires. HálIase inédito en la Dirección de la biblioteca de la Municipalidad de la Capital.
LOBO y RIUVADETS, Manual de la navegación del Río de la Plata y de sus principales afluentes. Segunda edición, Madrid, 1868.

 


XXVII . BARRACAS DURANTE LAS INVASIONES INGLESAS

El puente de Gálvez era el único punto por donde las tropas invasoras podían llegar a la ciudad desde el Sud del Riachuelo.

En los Acuerdos del Cabildo se conservan algunos datos referentes a la segunda invasión inglesa de Whitelocke que se relacionan con Barracas.

El 9 de enero de 1807 el Cabildo se enteró de un oficio del comandante del tercio de andaluces, don José Merelo, en que daba cuenta que don José Yevens, "natural de uno de los cuatro reinos de Andalucía tomaba a su cargo todos los gastos que originasen la comida y bebida” durante el tiempo que el tercio de andaluces hiciese campamento en Barracas.

Los pobladores de Buenos Aires tenían especial cuidado en defender el puente de Gálvez; pero los esfuerzos, como veremos, resultaron inútiles.

El 30 de junio de 1807, por la tarde, salió a reforzar el puente de Gálvez don Javier de Elío al frente de la tercera brigada compuesta por los tercios voluntarios de Galicia, Andalucía, Pardos y Negros y dos compañías de Miñones.

Las tropas se reunieron en la plaza mayor y se pusieron en marcha con vivas a la religión, al rey y a la patria".

El 1° de julio se dirigieron al campo de Barracas todos los cuerpos voluntarios a causa de la proximidad del enemigo.

Las tropas acampadas en Barracas sufrían escasez de víveres y el Cabildo se preocupó de que todos los panaderos de la ciudad amasasen pan fresco para que no les faltasen alimentos.

El mismo día regresó de Barracas, para no dejar la ciudad con falta de soldados, el batallón tercero de patricios al mando de don Domingo Urién.

También se supo que en el bajo de la quinta de don Ventura Marcó se había atollado la artillería y que parte del ejército enemigo había conseguido pasar "el Riachuelo de Barracas por el paso que llaman de Burgos", al Oeste del puente de Gálvez, sin que las tropas acampadas en este lugar hubiesen podido impedirlo, y que estaba avanzando sobre la ciudad.

Hacia el anochecer se supo en Buenos Aires que las tropas de Barracas se habían encontrado con los ingleses en los corrales de Miserere y que habían perdido unos cañones y habido algunos muertos. No obstante estos reveses, ya sabemos cuál fue el triunfo de las armas patriotas.

Pasado el peligro y dominado el ejército invasor, el 7 de septiembre de 1807 se vió -en el Cabildo- una presentación de la parda María de los Remedios, esclava de doña Rosa del Valle en que acreditando con certificación del comandante del cuerpo de Andaluces los servicios que hizo a los individuos de este cuerpo en la campaña de Barracas, asistiéndolos y guardando las mochillas para aligerar su marcha a los corrales de Miserere, piden se le remuneren sus servicios y los Señores acordaron darle las gracias y mandaron se libren a su favor y contra el mayordomo de propios doce pesos fuertes por una sola vez".

Barracas vió pasar las tropas invasoras y también presenció la abnegación de la esclava María de los Remedios.

FUENTES:

ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. Acuerdos del extinguido Cabildo de Buenos Aires, Buenos Aires 1926, Serie IV. t. 11. Libros LIX, LX, LXI y LXII.

 

 

XXVIII . EL PRIMER MAESTRO DE ESCUELA

Las barracas próximas al puente de Gálvez, -hoy puente Pueyrredón- y las pulperías que había en la boca y en las riberas del Riachuelo albergaban familias con niños que necesitaban una educación. El primer maestro que espontáneamente se ofreció a abrir una escuela en Barracas, se llamó don Laureano Ayala.

El 4 de agosto de 1815 presentó un escrito al Cabildo “en que manifestando la necesidad que hay del establecimiento de una escuela de primeras letras en el vecindario de Barracas, solicita se disponga de cuenta de los fondos públicos y se le confiera en consideración a su aptitud y servicio de muchos años en dicho ejercicio, y que cuando no haya lugar a este establecimiento se le mande tener presente para la primera ocasión.

Los regidores pasaron esta solicitud al diputado de escuelas, el cual se expidió en un informe que se leyó en el Cabildo el 15 de septiembre de 1815. En este informe el síndico manifestó "que aunque está cerciorado de la necesidad de aquel establecimiento, debe referirse a él por ahora, así porque estos cargos deben darse por oposición y previo examen, como por estar mandado por la superioridad se suspenda todo gasto que no sea dirigido a la defensa del país, motivo porque también están en suspenso las escuelas acordadas para Morón y la Ensenada".

Los cabildantes "acordaron se tenga presente al suplicante para primera oportunidad".

Don Laureano Ayala no se desanimó cuando supo esta respuesta.

El 3 de noviembre de 1815 se dirigió al Cabildo para hacerle saber que había establecido una escuela de primeras letras en clase de particular en el mismo destino, pero que no produciéndole lo necesario por la pobreza de los padres, cuyos hijos enseña, no puede de consiguiente proveer la escuela de los útiles precisos, como son bancos, pautas y demás del servicio indispensable de ella, ni la juventud por esta falta reportar los progresos de la enseñanza, por cuyo motivo pide se le auxilie con cien pesos a este interesante objeto".

El pedido. como de costumbre, pasó a informe de los diputados de escuelas. Estos contestaron el 14 de noviembre de 1815 "ser justo se adhiriera a dicha solicitud con expresa prevención de que no pueda proceder a su inversión sin precisa intervención de dichos señores diputados para que consultando así la posible economía queden remediadas aquellas faltas, auxiliándole además con tinta, papel, cartillas y demás con que el ayuntamiento proteje la instrucción de los jóvenes pobres".

Así acordaron que se hiciese los cabildantes y en seguida pasaron el expediente a la contaduría.

FUENTFS:

ARCHIVO GENERAL DE LA NACION, Acuerdos del extinguido Cabildo de Buenos Aires, Buenos Aires 1929, Serie IV, t. VI, Libros LXIX a LXXIV.

 

 

XXIX . EL PUENTE DE GÁLVEZ

El puente de Gálvez, por haberlo construído don Juan Gutiérrez Gálvez, fue inaugurado el 10 de diciembre de 1799, conforme hemos referido en páginas anteriores. Hoy tiene el nombre de puente Pueyrredón.

Ya nos hemos ocupado de este puente durante las invasiones inglesas. Tócanos, ahora, relatar otros datos de su historia.

El 5 de abril de 1803 el procurador general expuso en el Cabildo que el sábado 23, a las doce del día, lo llamó el virrey y le dijo que el puente de Barracas, a cargo de don Juan Gutiérrez Gálvez, "estaba en un estado tan ruinoso que los transltantes por él estaban expuestos a perecer y que exigía pronto remedio" y que lo hiciese saber al Cabildo porque era más de un año que lo repetía y nunca se le hacía caso.

El procurador general pidió que se ordenase al maestro constructor don Francisco de Oliden (Padre de Manuel, futuro cuarto Gobernador Intendente de Buenos Aires. En 1802 este mismo guipuzcuano aparece como diseñador y constructor de la embarcación más importante del entonces Virreinato del Río de la Plata. (470 Tons). Su primer viaje a través del Cabo de Hornos fue entre El Callao y Cádiz.Ver pág 79. FJA) que reconociese el puente para mandar a don Juan Gutiérrez Gálvez que lo componga a satisfacción, con aper- cibimiento de que si no lo hiciese se haría a costa de sus bienes.

El 2 de marzo de 1803 el alcalde de primer voto dió cuenta que los maestros don Jacinto Alvariño y don Francisco Oliden habían visto el puente de Barracas y que don Juan Gutiérrez Gálvez "actualmente se halla trabajando en compostura de dicho puente”.

Estas composturas no fueron, por cierto, definitivas.

El 23 de abril de 1805 el virrey envió al Cabildo el informe del ingeniero hidráulico "sobre el estado ruinoso del puente de Barracas, con la prevención de que con arreglo a él exponga este Cabildo lo que tuviere por conveniente".
El puente fue compuesto otra vez y el 23 de diciembre de 1806 el Cabildo se enteró de "estar perfectamente concluído el puente de Gálvez y a satisfacción según los reconocimientos que se han hecho".

Al maestro Pedro Ignacio Sartarain se le entregaron mil quinientos pesos, "resto de los tres mil en que contrató la obra", y además doscientos pesos de gratificación "por haberse desempeñado tan a satisfacción, y noventa y cuatro por los estribos de material que se han puesto a dicho puente para su mayor seguridad" .

La gente que pasaba por el puente de Gálvez debía abonar un pequeño derecho de pontazgo. Por este derecho deducimos que el tráfico debía ser muy intenso.

El 8 de febrero de 1811 don Francisco Antonio Herrero entregó al Cabildo dos mil doscientos cuarenta y seis pesos con tres reales corrientes, "como líquido que produjo en todo el año próximo pasado el puente de Barracas".

El 4 de enero de 1812 Herrera puso a disposición del Cabildo dos mil veinticinco pesos, producto del pontazgo del año anterior.

El 30 de junio de 1812 don Juan Vázquez remató la administración del puente de Barracas en tres mil doscientos setenta pesos.

Vázquez no cumplió sus compromisos y el 20 de marz.o de 1813 varios vecinos del puente de Barra cas pidieron al Cabildo que se diese la administración del puente a don Nicolás Paduan, el cual se comprometía, en las mismas condiciones de Vázquez, a no cobrar derechos a los quinteros inmediatos y exigir solamente a los pasajeros un real por carreta.

El 5 de abril se dió posesión del puente a Paduan.

Vázquez entregó el 27 de abril mil novecientos veintiseis pesos, importe de los doscientos quince días que había tenido a su cargo la administración del puente.

El 23 de agosto Paduan volvió a rematar el puente en dos mil trescientos pesos.

El 14 de septiembre Paduan entregó al Cabildo mil trescientos treinta y cuatro pesos con siete reales, "como correspondientes al remate del puente de Barracas en los ciento cuarenta y nueve días contados desde cinco de abril hasta treinta y uno de agosto".

Paduan remató el puente de Barracas el 26 de agosto de 1815 en tres mil doscientos pesos, dando por fiador a don José Antonio Capdevila.

Los indios pampas enviaron un cacique y un grupo de representantes al Cabildo el 31 de mayo de 1816 a quejarse "de que el asentista del puente de Barracas hace cuatro meses los obliga a pagar derecho de pontazgo contra la práctica que siempre ha habido en contrario".

Los cabildantes consideraron que los indios eran "verdaderos pobres" y no se les debía cobrar ningún pontazgo.

El 2 de octubre de 1816 doña Luisa Medina, mujer de Gálvez, hizo saber al Cabildo que durante la ausencia de su esposo "las últimas considerables avenidas y crecientes de agua" habían causado verdaderos desastres en el puente, por lo cual pedía que se hiciesen las reparaciones necesarias.

El cabildo encargó al maestro mayor don Juan DomIngo Banegas la tarea de hacer un presupuesto de los arreglos.

Este comunicó al Cabildo el 5 de octubre que los gastos para reparar el puente de Barracas ascendían a cuatrocientos cincuenta pesos, y que si se deseaba aumentar el largo del puente en cuatro varas y el ancho en tres, era preciso gastar doscientos setenta pesos más.

La inundación que tanto dañó el puente de Gálvez puso en peligro a las familias que habitaban esos lugares y a muchas las dejó en la miseria.

El mismo día 5 de octubre se aprobó el gasto de ochenta y cinco pesos que había costado el envío de tropas para guarnecer "el puente de barracas con motivo de la inundación sobrevenida".

A beneficio de las familias arruinadas se hizo una corrida de toros cuyo importe, según el acuerdo del 10 de octubre, se resolvió guardar en tesorería hasta reunir otras sumas.

El 16 de octubre don Francisco Latauri se comprometió a hacer todas las refacciones del puente de Barracas en setecientos pesos.

El 5 de noviembre de 1816 los cabildantes, por orden del secretario de hacienda, pusieron a disposición de don Manuel Aguirre el dinero existente en tesorería recolectado para socorrer las familias de Barracas.

El 15 de noviembre Latauri manifestó haber concluído los arreglos del puente.

Hecho el reconocimiento por el maestro Banegas se comprobó el 22 de noviembre que la mezcla del “muro interior y los exteriores de las mangas del puente" era poco consistente y debía revocarse de nuevo con una mezcla de mejor arena.

En la misma fecha los cabildantes leyeron un escrito de Paduan en que declaraba que a causa de los perjuicios recibidos con la inundación no podía pagar los tres mil doscientos sesenta pesos anuales a que se había comprometido en el último remate y pedía que se le relevase del pago de novecientos sesenta pesos o se le continuase el arrendamiento por un año más a razón de dos mil trescientos pesos.

El procurador aconsejó el 3 de diciembre que se le prorrogase el arrendamiento por cuatrocientos pesos y así lo acordó el Cabildo.

El 13 de febrero de 1819 Paduan ofreció por la administración del puente de Gálvez dos mil doscientos cincuenta pesos anuales "a entregarse en porciones iguales por terceras partes de año".

El 16 de abril de 1819 Paduan comenzó a atrasarse en el pago de las cuotas.

El 21 de mayo se quejó de que don José Antonio Rivera le ocasionaba perjuicios "con una canoa que tiene en el Paso Chico con el objeto de defraudarle el derecho de pontazgo pidiendo se le prohiba el uso de ella".

El 15 de abril de 1820 el Cabildo comunicó a Paduan que dentro del tercer día "pague bajo de apercibimiento la cantidad de trescientosesenta y nueve pesos cuatro reales que adeuda a los fondos públicos hasta el día 13 de febrero último".

El 28 de abril de 1820 el Cabildo aprobó el remate del puente de Gálvez hecho por don Pedro Sánchez Cavello en tres mil doscientos pesos anuales "con la calidad de entregar mensualmente en tesorería la parte que a prorrata corresponde".

El 29 de agosto fue preciso rebajar a Sánchez Cabello doscientos sesenta y seis pesos con cinco reales de lo que le correspondía pagar en el mes de julio porque "apenas se han cobrado veinte pesos de pontazgo porque cuantas personas han transitado a caballo por el puente se oponían al pago diciendo que iban en comisión y como llevaban armas no era posible obligarlos".

Más adelante el puente de Barracas sufrió nuevos desperfectos y el 29 de diciembre de 1820 el secretario del Cabildo declaró a los regidores "haberle manifestado don Angel Saivetti estar ya concluido el puente de Barracas y que podía mandarse reconocer".

El puente de Gálvez fue reconstruido varias veces.

En 1849, durante el gobierno de Rosas, volvIó a levantarlo el coronel Chilavert.

Era un puente de madera con poca solidez, por lo cual una creciente lo arrastró.

En seguida se levantó otro, también de madera, del cual se conservan fotografías datadas en el año 1876. Tenía una barandilla insignificante.

Este puente fue substituído por uno levadizo, de hierro, que es el que se conserva hoy en día.

FUENTES:

ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN, Acuerdos del extinguido Cabildo de Buenos Aires, Buenos Aires 1925, Serie IV, t. I, Libros LVII, LVIII y LIX; Buenos Aires, 1926, Serie IV/.. t. 1I, Libros LIX, LX, LXI y LXII; Buenos Aires, 1927, serie IV, t. IV, Libros LXV, LXVI y LXVII; Buenos Aires, 1928. Serie IV, t. V, Libros LXVII, LXVllI y LXIX; Buenos Aires, 1929, Serie IV, t. IV, libros LXIX a LXXIV; Buenos Aires, 1930, Serie IV, t. VII, Libros LXXIV a LXXIX; Buenos Aires, 1931, Serie IV, t. VllI, Libros LXXIX a LXXXIII, y Buenos Aires, 1934, Serie IV, t. IX, Libros LXXXIII a LXXXVIII.

 

XXX . LOS PRIMEROS POBLADORES

Los primeros pobladores que se establecieron a orillas del Riachuelo fueron los dueños o encargados de las suertes de tierra que allí comenzaban.

En el plano de Manuel Ozores, de 1792, confinaban con el Riachuelo los terrenos de Antonio Bermúdez, de Montaner, de los padres de Santo Domingo y de los padres bethlemitas.

Las mismas propiedades figuraban en el mapa de Cristóbal de Barrientos de 1774.

Sólo un mapa de 7 de enero de 1805 contiene indicaciones precisas para conocer los nombres de los pobladores de ambas orillas del Riachuelo.

Los bañados de la margen derecha consta que fueron concedidos en 1636 a don Antonio de el Pino "hasta la suerte de Agustín Pérez vendida a Montes de Oca".

Vemos, con esta inscripción, que el nombre de la avenida actual Montes de Oca tiene su origen, sin duda, con anterioridad al 1805.

En los mismos bañados, sobre la orilla derecha, figuran las casas de Gamboa, de doña Martina y de Gálvez, y la ensenada de doña Inés Avalos.

En la margen izquierda se encuentran los terrenos de Francisco González. Pacheco, de Rosas y de Diego de Vega.

Enfrente de los terrenos de Rosas, sobre la orilla derecha, se levanta la casa de Piñeiro o Januario Fernández.

Por un acuerdo del Cabildo, del 29 de mayo de 1807, ya sabemos que en la boca del Riachuelo, y en ambas orillas, había numerosas pulperías que, según ciertas opiniones, resultaban "sumamente perjudiciales"'.

Pero el mapa que nos revela el mayor número de pobladores, o dueños de estancias y quintas situadas a orillas del Riachuelo, es uno sin fecha, en poco tiempo posterior al 1810, que se encuentra en la Compilación de referencias documentales, editada por la Dirección de Geodesia, Catastro y Mapa de la Provincia de Buenos Aires.

En este mapa el Riachuelo lleva el nombre de Riachuelo de Barracas y el Río de la Plata también el de “gran Paraná ".

Los terrenos de la orilla izquierda, desde el Río de la Plata hasta la chacra de San Francisco, están señalados como "terrenos de Barracas"'.

Esto demuestra que el nombre de Barracas se extendía igualmente desde la costa del Río de la Plata hasta "el terreno de los Abellanedas", enorme extensión sobre ambas orillas del Riachuelo que con la denominación de "Avellaneda" hoy da nombre a esta ciudad.

El puente de Gálvez lleva el nombre de Puente de Barracas y por él continúa el camino que desde Buenos Aires "pasa por lo de Rocha para San Vicente, Guardia de Ranchos y Monte".

Esta inscripción nos descubre el nombre del propietario que quedó a la actual Vuelta de Rocha.

El "arroyo de Maciel" cruza los terrenos del "Doctor Zernadas y Gamboa" y de "Don Floro Zamudio".

Avanzando hacia el Oeste, siempre sobre la orilla derecha, donde se encuentra el puente de Barracas, se halla el "terreno del finado Zoloaga ".

Luego vienen los terrenos de don Felipe Piñeiro, de don Julián Panela y de don Juan Ramón Balcarce, un terreno propiedad del estado y otros del coronel mayor don Juan José Viamont y don Felipe Robles.

Sobre la margen izquierda, a continuación, hacia el Oeste, de los terrenos de Barracas que comienzan sobre el Río de la Plata, se encuentran en este mapa las chacras de San Francisco, "Bexios", "el finado don Agustín Pezoa ", de Lorea, de San José de Flores, de Quirno, la "chacra que fue de Campana", la de "las huérfanas", la de Letamendi, los "tapiales del finado Altolaguirre, hoy Ramos", y luego el terreno de "los Abellanedas".

No podemos negar que en los primeros años de la Independencia los pobladores de las orillas del Riachuelo, desde su confluencia con el Río de la Plata hasta los terrenos de los Abellanedas, eran numerosos y habían poblado sus tierras como lo demuestran las casas que se ven dibujadas en el mapa que comentamos.

Este mapa, además, nos permite hacer comprobaciones interesantes. Por ejemplo, advertimos que la actual avenida Montes de Oca trae su nombre de un vecino establecido a orillas del Riachuelo antes del 1805.

Lo mismo decimos de los nombres de la ciudad de Avellaneda y de la Vuelta de Rocha. Nuestra toponimia, en muchos casos, es más antigua de lo que se supone.

Es muy posible que la actual calle de la Boca llamada Pedro de Mendoza no se refiera al primer fundador de Buenos Aires, don Pedro de Mendoza, sino a algún vecino o simplemente, a la provincia de Mendoza. Así nos lo hace suponer el plano de Bateman, de 1871 en el cual aparece la calle "de Mendoza".

Aproximadamente en 1835 existía sobre la ribera izquierda del Riachuelo un almacén de ramos generales, una casa de madera colocada sobre altos postes, que surtía a los marinos y pescadores de esa zona.

En la época de Rosas, las personas que se veían obligadas a emigrar a la banda oriental del Uruguay por lo general tomaban la calle Larga de Barracas -donde también tuvo su casa la Amalia de la novela de José Mármol- por ser el principal camino que conducía al embarcadero.

Además. las pulperías que había en el trayecto permitían hallar un refugio en caso necesario.

En esas inmediaciones grandes familias poseían sus casas de veraneo.

Eran las de Díaz Vélez, Guerrero, Masculino, Revol, Alzaga, Escribano, Torres, Atkinson y otras.

La calle Larga de esta época hállase representada en un hermoso cuadro de Montvoisin que se encuentra en el Museo lsaac Fernández Blanco.

A menudo, los hombres de don Juan Manuel de Rosas sorprendían a los fugitivos en la vuelta de Rocha.

Una antigua leyenda de la Boca cuenta que en la vuelta de Rocha, entre los árboles, algunas noches aparecía la sombra blanca de un unitario ahorcado.

Gracias a la documentación existencia en el archivo particular de un estudioso de la Boca, puede explicarse el origen de esta leyenda. En la vuelta de Rocha, entonces llamada barrio de los Tachos, tenía su casa una tal misia Robustiana, supuesta amante del mazorquero Andrés Parra, a quien Rosas daba el título de coronel.

Ahora bien: en una carta que Parra dirige a su amigo Cuitiño le dice que cuando Rosas lo necesitase y no lo encontrase en las pulperías de la calle Larga y del barrio de Monserrat, lo buscase en el barrio de los tachos, en la casa de misia Robustiana. Para indicar que que él se hallaba, allí colgaría de un árbol un trapo blanco.

Sin duda fue este lienzo misterioso que las gentes veían desde lejos, lo que dió origen a la leyenda del alma del ahorcado.

A propósito de Parra debemos agregar que últimamente ha sido hallada en la Boca, en la casilla de madera de un viejo genovés, una invitación al funeral de la señora Encarnación Ezcurra de Rosas dirigida al coronel Parra.

Este hecho hace suponer que tal vez vivió en la Boca algún hijo de Parra y misia Robustiana.
La historia de los primeros pobladores de la Boca se pierde entre brumas.

Eran familias que vivían en pequeñas casas de madera, de dos o tres piezas, "sostenidas en alto por recios pilotes fuertemente asegurados en el suelo".

A menudo estas casas eran transportadas sobre carros de un lugar a otro. El Riachuelo no teníá los terraplenes que los trabajos modernos del puerto han levantado e impiden las continuas inundaciones.

Estas inundaciones eran muy frecuentes, como lo refiere un libro de viajes de mediados del siglo XIX:

“Todas las moradas tenían atada a uno de los pilotes por un fuerte cabo a cadena, la indispensable canoa; embarcación muy ligera y de fondo plano, pues entonces la Boca se inundaba a cada momento y los habitantes, unas veces para transitar por las calles convertidas en canales, o bien para ponerse a salvo cuando la inundación era terrible, echaban mano a sus barquichuelos”.

Cuando las aguas no subían mucho era cosa corriente ver a una mujer o a un chiquillo ir en canoa al almacén o a la carnicería. Cuando las aguas crecían llegaban hasta la actual avenida Montes de Oca y al pie de la barranca de Santa Lucía. Alcides D'Orbigny refiere que cierta vez las aguas del río hicieron entrar la proa de un bergantín en un almacén del paseo de la Alameda y que en otra oportunidad las aguas inundaron nada menos que la plaza de la Victoria.

Como se comprenderá, en estas ocasiones todo el valle del Matanza se hallaba por completo inundado.

En síntesis podemos dar fin a este ensayo declarando que de todos los barrios de Buenos Aires el de la Boca es el que mayor interés ofrece desde el punto de vista geográfico por las variaciones que ha tenido el curso del Riachuelo y las inundaciones de sus orillas; y que más asombra en la historia del desarrollo económico y comercial de nuestra ciudad por las enormes proporciones que ha alcanzado y el futuro magnífico que le espera.

FUENTES:

ROMULO ZABALA y ENRIQUE DE GANDIA, Historia de la ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, 1937, tomo II.
NUMA TAPIA y JULIO R. TARANTET, Compilación de referencias documentales. Demuestran que las reservas para ribera en la costa al noroeste de Buenos Aires son bienes públicos del Estado, La Plata, 1933.

INTENDENCIA MUNICIPAL COMISION DE ESTETICA EDILICIA Proyecto orgánico para la urbanización del Municipio. El plano regulador y de reforma de la capital federal, Buenos Aires, 1925.