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Prospectivas que siguen a la resurreción de flujos del Riachuelo

Si el texto que sigue resultara insoportable sugiero ventilar los humores que preparen su lectura dando un breve paseo por las imágenes de los html 5 y 6

La salida de flujos del Riachuelo no sólo debe contemplar una devolución de su orientación original que la ponga en vereda con las advecciones mareales, sino que el curso protector final antes de la salida a las aguas del estuario deberá reconocer en su márgen Oeste un perfil de fondo y un ancho con crecientes aptitudes para sostener la transferencia energética que conlleva todo proceso natural de convección interna.

Sobre su margen Este se le reconocerá el apoyo del canal de navegación. Y sobre este mismo márgen, los eddies o propiciadores regulables de impulsos mareales que en las horas de reflujos aportarán su energía al corredor interior, al tiempo que regularán la temperatura apropiada para la mejor marcha del proceso convectivo.

En la salida proyectada del Riachuelo en inmediaciones de Dársena Norte encontramos hoy los muy pobres flujos que determinan el correspondiente ensanche de la deriva litoral. Por ello también resulta de fundamental importancia aplicar mirada a los destinos y oficios de esta deriva litoral, responsable de todos los procesos de salidas tributarias del borde estuarial, incluídos los vertederos urbanos.

Así entonces deberemos mirar dos cuestiones primordiales: los bordes y perfiles de fondo de toda la ribera estuarial urbana; y los flujos de los tributarios del frente deltario que aportan su energía, tanto al corredor natural de flujos costaneros de la ribera Oeste, San Antonio, Vinculación modificado, Urión, Honda y estrangulado Luján; como los que aportan su energía al borde sedimentado al Oeste del Emilio Mitre, Desaguadero y Canal del Este.

Cabe recordar que ambas márgenes del Emilo Mitre reconocen refulados y depósitos sedimentarios que obligan a considerar desde hace 30 años una proyección del avance deltario forzado por el hombre, que no es de despreciar cuando se miran las urgencias y los ajustados provechos de las energías encerradas  supervivientes en el área de aprox. 80 Km2 que median entre el Emilio Mitre y la costa urbana hasta pasado el Dock Sud.

Es a partir del canal Sarandí al Sur del Dock Sur donde se advierten energías de flujos ribereños más saludables. Es allí donde apoyaremos miradas comparativas que permitan evaluar la pobreza de los flujos ribereños del sector al Norte del Dock Sur en estado catatónico.

Sirva esta brevísima introducción a la advertencia que cabe comenzar a estructurar para las áreas inemediatas al Sur y al Norte de la nueva salida proyectada para el Riachuelo.

El proceso convectivo interno natural por el cual aspiramos devolver permanentes pulsos de salida al Riachuelo, necesita su proyección en el ámbito externo de las riberas estuariales inmediatas anteriores y posteriores a la salida por dársena Norte, de manera de fortalecer el proceso de salida de sus aguas durante las 24 horas del día. Fortalecimiento que se manifiesta y se regala en las facilidades para el despegue convectivo interno que se regala como presente en la deriva litoral.

Energía que  por su parte reconoce incrementos, en tanto su par inmediato haciendo su camino lado a lado por el corredor natural de flujos costaneros reconozca crecientes energías. Así entonces, a ellas también debemos aplicar nuestros esfuerzos.

Cuanto más pobre sea la energía del corredor natural de flujos costaneros urbanos estuariales, tanto más diluída e indefinida se manifiesta la deriva litoral. Alcanzando en esas circunstancias, anchos que la exceden en más de 10 y hasta 20 veces.

Anormalidades que ya no me resultan apropiadas calificar como áreas de deriva litoral, sino como áreas de extendidas “hidrotermias”; anticipos de un charco; anticipos de una ciudad mediterránea.

Estas energías que mueven la deriva litoral por donde se expresan confortables las salidas de las aguas tributarias y los vertederos urbanos persiguiendo dispersión, finalmente reconocen oportunas sus convecciones externas; para a partir de ellas comenzar a seguir el camino de los flujos en descenso.

Pretender  forzar una salida tributaria en los márgenes laterales del estuario sin la etapa intermediaria que regala la deriva litoral, conduce sólo al obligado traspiés que vienen dando todos los ingenieros hidráulicos del planeta y los modeladores matemáticos que siguen sus catecismos; que sin alternativas concluye en frustantes deposiciones sedimentarias en las salidas tributarias modificadas o en canales obrados por el hombre; tal el caso de Sanborombón. Antiguas obranzas que hoy nos regalan el monumental desastre de sus sedimentaciones taponando sin remedio sus salidas erradas.

A estas obranzas testimoniales de la mirada  de nuestros físicos en dinámica costera, ingenieros hidráulicos y modeladores matemáticos fieles devotos de la vieja teoría de la ola oblicua, tan vieja como la existencia del limbo, bien les valdría darse de nariz con todas las frustrantes realidades que han obrado, para un día despertar al abismo de sus horrores.

No tengo idea cuándo se producirá ese episodio terminal, pero lo deseo sin dudar de la oportuna sinceridad de sus lamentos y comprensibles dificultades personales.

La proyectada península en las inmediaciones del Dock Sur para instalar la planta de tratamiento con plasma y posteriores aplicaciones a rellenos con las 4000 toneladas diarias de basura que colecta la ciudad pudiera estar siendo propuesta con los mismos aberrantes criterios que exhibe la salida del canal Sto Domingo;

que a no dudar debe contar con la aprobación del Instituto Nacional del Agua, pero dudo cuente con la de la Subsecretaría de Puertos y Vías Navegables que es la encargada de las líneas de ribera en vías navegables de toda la Nación.

El Instituto Nacional del Agua no sólo ha elegido mantenerse apartado de las áreas críticas para evitar complicarse en los términos que a cualquiera le cabe imaginar, sino que no le reconozco un sólo trabajo alrededor de la deriva litoral estuarial urbana; ni serio ni mediocre.

Tal vez lo tengan escondido. Pero si su voto fuera favorable a esta península o como quieran llamar al simil del canal Sto Domingo, ya comenzaremos a incluirlos entre los fabricantes de atrocidades.

El mismo estupor que producen esas  penínsulas contra natura, se podrá algún día patenciar en la salida del vertedero que viniendo desde Villa Adelina sale al fondo de la calle Paraná, en el límite municipal.

Me gustaría conocer el modelo matemático que aplican para dar soporte a estas obranzas, al tiempo de identificar al responsable a citar.

Pretender torcer el brazo a la deriva litoral es la torpeza propia e inevitable por reiterada, de los adoradores de la ola oblicua.

Por supuesto, es mucho más sencillo acomodar la modelación a repetir un catecismo, que ponerse a modelar derivas litorales en el infierno de nuestras riberas estuariales urbanas, donde el agua dejó hace siglos de ser agua; donde las costas blandas aparecen –al menos en el Dock Sur-, cargadas de coalescencias endemoniadas; donde los perfiles de fondo han quedado alterados por avances sobre las líneas de ribera con rellenos y tablestacados; donde los canales de salida interrumpen su delicado tránsito; y donde la cultura de verdugos hidráulicos reconoce ceguera bicentenaria.

Sin aprecios crecidos a estas derivas litorales y a las energías allí acumuladas, transferidas interna y externamente; sin referencia a la capa límite térmica que la separa de los flujos y reflujos inmediatos; sin referencia a la capa límite hidroquímica que en estas áreas alcanzan permanente presencia complicando cualquier modelación; y sin relación directa e inmediata en cada sector con el nivel de calidad de flujos y reflujos que desde sus diferencias la asisten y le ponen límite obligado;

cualquier modelación matemática que se haga y pretenda justificar esta obranza será consagrar una vez más la ceguera del que modela ahorrándose el elemental e irremplazable trabajo de campo;

que tal vez le invitaría a mirar las complejidades arriba señaladas con asistencia de calor, transferencia de masa sedimentaria y termodinámica; herramientas que el laboratorio de mecánica de fluidos no puede considerar.

Anticipado a las obranzas, cabe apuntarles estos aprecios imposibles de ocultar a quien ha mirado estas precisas riberas estuariales urbanas como pocos han mirado y en imágenes documentado.

Apreciaría comparar la documentación satelital que todo este Instituto Nacional del Agua pudiera haber acopiado en los últimos tres años sobre la deriva litoral en estas bien precisas márgenes urbanas, mano a mano con las secuenciadas por el desinteresado hortelano que suscribe estas prospectivas.

A las Excelencias Ministeriales les resultará bastante más sencillo apreciar aportes fotográficos que confiar a ojos cerrados en despachos matemáticos cuya fragilidad en cursos de agua de llanura extrema pudieran terminar con estos modeladores probando el sabor de lo que nunca alcanzó trabajo de campo específico: la deriva litoral.

Espero algún día, amén de los trabajos que el INA pudiera exhibir sobre modelación matemática de todas las complicaciones que sufre la deriva litoral en las riberas estuariales urbanas, conocer la modelación matemática que apunte las causas de la muerte anticipada del Riachuelo por pérdida de profundidad de 8 cms anuales en su curso; y la que pudiera explicar la bicentenaria miseria de sus flujos.

Gracias Querida Alflora

Francisco Javier de Amorrortu

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