. Cap. 1 . 2 . 3 . 4 . 5 . 6 . 7 . 8 . 9 . 10 . 11 . 12 . 13 . 14 . 15 . 16 . 17 . 18 . índice . Prefacio . Preface . . . Riachuelo 1 . 2 . 3 . 4 . 5 . 6 . 7 . 8 . 9 . 10 . 11 . 12 . 13 . . urgenciasatadas 1 . 2 . . emisarios 1 . 2 . 3 . 4 . 5 . 6 . 7 . 8 . . áreas nuevas 1 . 2 . 3 . . Costa del Plata 0 . 1 . 2 . 3 . 4 . 5 . 6 . . Costa del oro 1 . 2 . . acreencias

La Historia de la Boca del Riachuelo

por Enrique de Gandía

A los Amigos de mi Padre
en la Fundación Juan de Garay

Han pasado 67 años y esta nueva edición intenta rescatar del olvido, uno de tantos esfuerzos que Enrique de Gandía nos legara.

El lucro perseguido viene regalado de la alegría de su rescate.
Su destino en la web permitirá alcanzar las orillas de la memoria, también a los más alejados.

Dibujos de carabelas, naos y velámenes; apuntes sobre navegación y breves hipótesis de hidrología; una antigua cartografía de 1865; una valiosa planialtimetría rescatando perfiles de tiempos fundacionales; y referencias que el azar nos trajo de antiguos vecinos, fueron incorporados a continuación de la edición original.

Ejercicio virtual de simple simpatía que estando en Vida hubiera acercado al laborioso Gandía.

Cierra la edición un ajustado balance medioambiental de las aguas del Riachuelo y de las inmediaciones costeras para acercarnos a muy triste realidad.

Francisco Javier de Amorrortu
3 de Febrero del 2006


INTRODUCCION

El Ateneo Popular de la Boca, consecuente con sus propósitos fundamentales de ahondar y divulgar la historia del barrio bonaerense que le da nombre, edita la Historia de la Boca del Riachuelo, escrita por el doctor Enrique de Gandía.

Esta obra ha obtenido el primer premio en el concurso de noticias y antecedentes sobre la Boca del Riachuelo organizado por nuestro Ateneo en el año 1938.

El jurado le otorgó por unanimidad la máxima recompensa.

Cuando el pseudónimo de Trajinista dió a conocer el nombre del autor premiado se comprendió cómo este trabajo agota todo lo referente al pasado boquense desde sus orígenes hasta la primera mitad del siglo XIX en forma indudable.

El doctor Gandía es uno de los más destacados historiadores argentinos, avezado como pocos a la investigación en los archivos, con especialidad referente al período colonial.

Sus obras impresas pasan de cuarenta y cinco volúmenes y es reconocido como el estudioso que conoce más a fondo la historia de la ciudad de Buenos Aires.

Su Crónica del magnífico adelantado don Pedro de Mendoza, su libro sobre León Pancaldo y la primera expedición genovesa al río de la Plata, sus dos gruesos volúmenes en colaboración con el señor Rómulo Zabala sobre la Historia de la ciudad de Buenos Aires, su estudio sobre los Orígenes del fuer te de Buenos Aires, escrito en colaboración con el doctor César Blaquier Casares y sus otras obras sobre la historia del Río de la Plata han impuesto su nombre como el de la autoridad más alta en cuestiones de historia bonaerense.

No es extraño que esta Historia de la Boca del Riachuelo revele una serie importantísima de hechos totalmente ignorados y constituya el primero -y sin duda último estudio- sobre el valle de Matanza y el Riachuelo en un período que puede llamarse prehistórico y acerca del cual la mayoría de los historiadores opinaba que era imposible escribir más de una o dos páginas.

El trabajo del doctor Gandía demuestra que nuestra zona, en contra de la opinión reinante, guardaba en los archivos noticias de tanto interés como para dar origen al presente volumen. No nos corresponde en estas páginas hacer un resumen y un elogio de la Historia de la Boca del Riachuelo; pero sí invitamos a los lectores a considerar un instante la originalidad y el valor histórico de la mayoría de los capítulos que la constituyen, tanto de los que aclaran definitivamente obscuros pormenores geográficos, como de los que hacen conocer hechos hasta ahora insospechados.

La primera parte de la historia de la Boca del Riachuelo, o sea, la que corresponde al período colonial y a los primeros años del siglo X1X, antes que la zona comenzara su rápida e intensa población, está tratada a fondo en esta obra que el Ateneo se complace en ofrecer a sus socios y al público estudioso en general.

La segunda parte de la historia de la Boca del Riachuelo, es decir la que arranca desde mediados del siglo X1X y se extiende hasta la fecha, será también tratada por el doctor Gandía en una próxima publicación. Hemos obtenido su promesa de que en breve terminará un estudio minucioso del crecimiento de nuestro barrio a lo largo de un siglo de vida, desde 1840 hasta la actualidad.

Estamos seguros que en su próxima obra -que también editará este Ateneo- el doctor Gandía sabrá reflejar tanto los aspectos pintorescos del Barrio Latino de Buenos Aires -según él mismo lo denominó- como la labor industrial y cultural de sus pobladores.

La segunda parte de la Historia de la Boca del Riachuelo, será así un exponente de las conquistas realizadas en el progreso bonaerense por los hijos del Barrio más luminoso y colorido de nuestra ciudad.

Antonio J. Bucich
y Constancio Fiorito.

 

Indice de capítulos en esta página

Introducción
Liminar
I Geología
II La boca Norte del Riachuelo frente al Alto de San Pedro
III Los pozos y el canal submarino
IV El Riachuelo
V Las orillas del Riachuelo
VI La Vuelta de Rocha
VII El relleno del canal submarino y del curso Norte del Riachuelo
VIII La nueva boca del Traginista
IX La punta Demarchi
X La isla del pozo
XI El Riachuelo en tiempos de don Pedro de Mendoza
XII El Riachuelo en tiempos de Juan de Garay
XIII La nao perdida
XIV La mensura del año 1608
XV Orígenes de la guardia del Riachuelo
XVI El camino del Riachuelo en el siglo XVII
XVII La guardia del Riachuelo en el siglo XVIII

 

LIMINAR

La zona del Riachuelo y valle del río Matanza, al Sud y Sudoeste de la ciudad de Buenos Aires, no ha sido objeto, hasta este momento, de un estudio histórico que destaque la extraordinaria importancia que siempre ha tenido dentro de la Capital Federal.

La única excepción es la Historia de la ciudad de Buenos Aires que publica la Municipalidad.

En los dos primeros tomos de esta obra se hallan contenidos los datos geológicos e históricos más seguros y completos que hasta ahora han podido reunirse sobre todas las zonas de la ciudad.

En esta monografía se repiten los que más interés ofrecen a nuestro tema y se agregan muchos otros que revelan conclusiones inesperadas y demuestran hechos insospechados.

Hemos creído necesario estudiar la historia del Riachuelo desde sus orígenes para comprender con mayor seguridad las épocas más recientes y vislumbrar lo que será su futuro. Al mismo tiempo declaramos que no nos ha sido posible limitamos -en algunos puntos- a la actual zona boquense comprendida entre las calles don Pedro de Mendoza, Brasil, Defensa, Martín García y Montes de Oca.

En siglos pasados estos límites no se conocían y tanto la primera Boca del Riachuelo, frente al alto de San Pedro, hoy calle Humberto l°, como la segunda llamada del Trajinista, aproximadamente donde los trabajos modernos del puerto han fijado la definitiva, puede afirmarse, sin ningún asomo de dudas, que vivieron gracias a las barracas que en el siglo XVIII se establecieron en la actual zona boquense.

El estudio de esta zona nos obliga a referimos al poblado de Barracas y también a los caminos que conducían al Riachuelo.

En esta forma podemos sostener que el estudio de la zona bañada por el Riachuelo contará con un trabajo monográfico sumamente completo, hecho sobre la base de fuentes poco utilizadas, con crítica y con métodos modernos.

I . GEOLOGIA

Las investigaciones geológicas más especializadas han demostrado que a unos trescientos metros debajo del nivel del suelo se extiende una base cristalina que corresponde a la era azoica y está formada por rocas eruptivas de profundidad y metamórficas.

Sobre ella hay una capa de terrenos sólidos, fluviales y marinos que en parte corresponde al terciario antiguo.

A continuación aparece la formación marina mesopotámica perteneciente al mioceno superior.

Esta capa tiene varios centenares de metros y se halla a una profundidad de cincuenta a sesenta metros.

Según unos autores, sobre esta formación se encuentra el plioceno; según otros, un depósito de unos veinte metros de espesor de arenas friables.

Sobre estas arenas se hallan unos pequeños depósitos y la formación pampeana propia del plioceno y del pleistoceno.

La formación pampeana consta de tres pisos: el ensenadense, del terciario superior; y el belgranense y el bonaerense, del cuaternario.

El piso ensenadense afloraba en la parte que hoy corresponde a la avenida Alem.

El piso bonaerense se descubre en las zonas suburbanas y en las barrancas de los ríos.

El piso llamado lujanense, en el cual se desarrolló la fauna pampeana, es el más joven de esta formación.

En la época de la formación pampeana hubo tres grandes ingresiones marinas que inundaron por largos espacios de tiempo toda la zona de la Capital Federal y parte de la provincia de Buenos Aires.

La primera ingresión es la del inter ensenadense del plioceno superior; la segunda es la ingresión belgranense de la edad cuaternaria, y la tercera es de la época holocénica y se conoce con el nombre de ingresión querandinense. En esta ingresión el mar inundó las depresiones del Río de la Plata y avanzó por el valle del río Matanza hasta Cañuelas y Marcos Paz.

El río Matanza no ha tenido en épocas prehistóricas su curso actual. El piso querandinense de este valle revela depósitos de origen fluvial que sólo pudieron ser originados por un curso distinto del río. Sobre estos depósitos arenosos se encuentra la tierra negra vegetal contemporánea donde los arqueólogos han hallado alfarerías y utensilios propios de la cultura guaraní.

FUENTES:

Rómulo Zabala y Enrique de Gandía Historia de la ciudad de Buenos Aires, 1 (1536-1718) Buenos
Aires MCMXXXVI, pp. 18 a 38.

Juan José Nagera, Puntas de Santa María del Buen Aire. Lugar de la fundación de don Pedro de Mendoza, Buenos Aires, 1936.

 

II . LA BOCA NORTE DEL RIACHUELO FRENTE AL ALTO DE SAN PEDRO

Pocas veces se ha discutido un detalle geográfico con más interés y mayor acopio documental que la desembocadura y el curso del Riachuelo cuando se conmemoró el IV Centenario de la primera fundación de Buenos Aires y varios estudiosos trataron de fijar el exacto lugar en que don Pedro de Mendoza levantó su ciudad.

La bibliografía de estas polémicas y los fundamentos geológicos y documentales en que se basó cada autor para sostener su tesis, se hallan analizados en la Crónica del magnífico adelantado don Pedro de Mendoza, aparecida en 1936. No será necesario, por tanto, repetir unas demostraciones que se encuentran al alcance de la mano. Bastará, para los pormenores geográficos que nos proponemos señalar, citar algunas pruebas indiscutibles.

Hasta el mes de mayo del año 1786, el Riachuelo tuvo una única salida que desembocaba frente al alto de San Pedro, donde hoy cruza la avenida Alem la calIe Humberto 1°.

Después de formar el meandro que se conoce con el nombre de vuelta de Rocha, al llegar cerca de su desembocadura actual, el Riachuelo torcía casi en ángulo recto su curso y doblaba hacia el Norte.

En esta forma corría paralelo a la costa hasta abrirse frente al alto de San Pedro.

Lo que nos corresponde exhibir son algunas pruebas de que la boca del Riachuelo se hallaba, como hemos dicho, frente al alto de San Pedro.

En primer término tenemos las pruebas planimétricas: los planos de José Bermúdez, de 1709 y 1713, el mapa de la antigua audiencia de Buenos Aires y los planos de Cristóbal de Barrientos, de 1774, y Manuel Ozores, de 1792, en los cuales la boca del Riachuelo coincide frente al alto de San Pedro.

En el plano de Domingo Petrarca, del 1729, se dibuja la boca del Riachuelo con suma precisión, y se confirma lo que acabamos de sostener.

Pasamos por alto otros planos menos precisos, y citamos algunos testimonios históricos: el 7 de marzo de 1678, el gobernador Andrés de Robles escribía que el puesto de San Pedro se hallaba sobre la barranca y frente del Riachuelo; a principios del siglo XVIII, Agustín de Robles decía que el alto de San Pedro "domina al Riachuelo y ampara la torre"; el capitán Urdinza y Arbelais refería que el Riachuelo "desemboca en él (el Río de la Plata) a un tiro de mosquete del alto que llaman de San Pedro", y el gobernador Barranco y Zapian atestiguaba que desde el alto de San Pedro "se ciñe del todo el Riachuelo, y desde luego, que las embarcaciones que entran en la canal las recibe con su artillería y en el mismo surgidero las puede echar a pique".

Podríamos traer otras pruebas semejantes; pero con las expuestas suponemos que la situación de la boca Norte del Riachuelo frente al alto de San Pedro en los siglos XVII y XVIII es un hecho geográfico que no puede discutirse.


FUENTES:
ENRIQUE DE GANDIA Crónica del magnífico adelantado don Pedro de Mendoza, Buenos Aires 1936.

Plano de José Bermúdez, del año 1709. En este plano puede verse, perfectamente señalado, el canal submarino del Riachuelo, ya muy rellenado, con tres pies de agua. La letra Y indica los Hornos de San Pedro, en la actual calle Humberto 1°; y la letra M, la entrada del Riachuelo, con la guardia que entonces habia.
De la "Historia de la ciudad de Buenos Aires", t. 1, Buenos Aires, 1936, de Rómulo Zabala y Enrique de Gandia.

 


III . LOS POZOS Y EL CANAL SUBMARINO

Estos pormenores geográficos no se refieren precisamente a la zona boquense; pero su señalamiento es imprescindible para conocer las condiciones en que se hallaban el puerto y la costa de Buenos Aires en los primeros tiempos de la conquista y de la colonia.

Frente al lugar de la costa llamado el Retiro desde principios del siglo XVII -por un anacoreta que vivía en la ermita de San Sebastián- había un gran "pozo" o fondeadero donde anclaban los navíos.

El 24 de marzo de 1607, Hernando de Vargas habló del "pozo y río grande de la Plata donde es usanza ancorar para entrar en el dicho puerto".

En los resúmenes de los impuestos cobrados en el puerto de Buenos Aires en el año 1600. leemos a cada instante: "En el pozo y puerto desta dicha ciudad surgió una carabela"; "en el pozo puerto desta ciudad"; "en el dicho pozo...".

Este pozo era conocido con los nombres del Retiro de San Sebastián y del convento de las Mercedes.

El segundo pozo se encontraba frente al fuerte, la actual casa de gobierno;
y el tercero entre el alto de San Pedro y el convento de Santo Domingo, "casi en la boca del Riachuelo".

Para no abundar en pruebas vamos a citar una sola, indiscutible, desconocida a todos los estudiosos: la Relación del gobernador don Pedro Esteban Dávila:

"Hay tres pozos que sirven de surgidero: el uno enfrente del convento de Nuestra Señora de las Mercedes; y más adelante, hacia el Sur, otro pozo que es enfrente del Fuerte y Casas Reales, que es en medio de la ciudad, la parte más eminente y donde está mejor para ser señor de mar y tierra; y otro más adelante, casi en la boca del Riachuelo, donde inviernan los navíos...".

Estos tres pozos se hallaban unidos por un canal submarino que comenzaba en el Retiro o bajo de Palermo, y seguía hasta la boca del Riachuelo.

El primer documento que nos habla de esta canal es un conocido informe de los pilotos, hecho en el año 1539, en el cual Hernán Baez afirma que las naos de Pancaldo y de Alonso Cabrera no se perdieron por tormentas, "sino porque no siguieron la canal".

El 20 de marzo de 1590, Hernando de Montalvo refería que "el canal para entrar en él (el Riachuelo), tiene muchas veces doce palmos y otras catorce y dieciseis y veinte con aguas vivas".

El 28 de julio de 1600 el Cabildo de Buenos Aires relataba que el capitán del navío holandés Mundo de Plata había pedido "un marinero que les enseñase la canal para meter el navío...".

En 1681 el gobernador don José de Garro decía que desde el lugar de San Sebastián, en el Retiro, se divisaba "la canal de la punta del banco por donde precisamente han de entrar cualesquier bajeles que vengan a este puerto".

En 1685, una junta de conocedores de estas regiones, reunida en España, dejó constancia que los navíos "precisamente han de ir a buscar el canalizo que empieza por frente del fuerte de San Sebastián".

En 1709 el mapa de José Bermúdez figura con líneas punteadas el "canal del Riachuelo con 3 pies de agua"; pero en vez de hacerlo comenzar en el Retiro, lo abre a la altura de la actual plaza de Mayo o calle Victoria.

Los barcos que llegaban a Buenos Aires debían detenerse forzosamente en el pozo de San Sebastián o del convento de las Mercedes.

En seguida podían avanzar por el canal submarino hasta el pozo del fuerte, hasta el pozo de Santo Domingo y hasta la boca del Riachuelo.

Ya en el Riachuelo podían remontarlo hasta el lugar que en el siglo XVIII se llamó las Barracas.

FUENTES:

ENRIQUE DE GANDÍA, Crónica del magnífico adelantado don Pedro de Mendoza, Buenos Aires, 1936.

 

IV . EL RIACHUELO

Desde los primeros tiempos de don Pedro de Mendoza los conquistadores advirtieron que el Riachuelo era un refugio admirable para los navíos.

Durante la primera fundación tuvo el nombre de Río Pequeño.

En1575 Hernando de Montalvo lo llamaba Río de Buenos Aires.

Desde la segunda fundación de Juan de Garay recibió el nombre de Riachuelo. Más tarde también se le llamó Riachuelo de los navíos.

En un pleito de Antón López de Aguiar con León Pancaldo quedó establecido que para entrar en el Riachuelo era preciso que hubiese marea.

El gobernador don Diego Rodríguez de Valdéz y de la Banda confirmó estos hechos el 20 de mayo de 1599.

Los navíos primero debían detenerse en el pozo de San Sebastián, conforme hemos explicado anteriormente, en un "lugar adonde está un sitio que por tener más fondo ancoran allí y con buenas amarras están seguros", y luego, hinchiendo la mar entran en un Riachuelo tan angosto que en su ancho sólo caben dos navíos".

Sin embargo, este Riachuelo "tiene tanto fondo que podrían estar en él navíos de mil toneladas aunque no puede entrar por su boca navío que demande más de once palmos de agua y aun eso ha de ser hinchiendo la mar..."

Ruy Díaz de Guzmán escribía que el Riachuelo era tan acomodado y seguro que metido dentro de él los navíos no siendo muy grandes pueden estar sin amarrar con toda seguridad como si estuvieran en una caja".

En 1590 Hernando de Montalvo refería que Buenos Aires "tiene muy buen puerto, que es un Riachuelo y dentro de él tiene cuatro y cinco brazas de fondo".

En 1703 el ingeniero José Bermúdez atestiguaba que no conocía en esta costa otro paraje más a propósito para el desembarco que el Riachuelo, que es donde se recogen las embarcaciones que tiene esta ciudad y adonde hay una guardia".

No vamos a citar otros testimonios, pues con los expuestos queda bien probado que el Riachuelo fue desde los comienzos de la conquista el puerto y refugio más acomodado que Buenos Aires pudo ofrecer a los navíos.

FUENTES:

ENRIQUE DE GANDIA, Crónica del magnífico adelantado don Pedro de Mendoza, Buenos Aires, 1936.

ENRIQUE GANDIA, León Pan caldo y la primera expedición genovesa al Río de la Plata, Buenos Aires, 1937.

 

 

V . LAS ORILLAS DEL RIACHUELO

Los estudios hechos en 1936 con motivo del IV Centenario de la primera fundación de Buenos Aires han demostrado definitivamente que las orillas del Riachuelo fueron hasta mediados del siglo XIX, desde su desembocadura hasta Barracas, por completo inhabitables a causa de los pantanos que había en ellas y de las inundaciones periódicas.

Desde el punto de vista geológico lo que acabamos de afirmar es un hecho segurísimo, perfectamente probado. Las estadísticas de las mareas han demostrado que el agua subía de un metro y medio a dos metros sobre el cero del Riachuelo, es decir, la altura artificial que los rellenos modernos han dado a esa zona para evitar las continuas inundaciones.

Esta sola comprobación, debida al doctor Juan José Nágera, hace superflua toda exhibición de documentos. Sin embargo vamos a mencionar algunos testimonios corroborantes:

en 1599 don Diego Rodríguez de Valdéz y de la Banda escribió al rey que no podía levantar un fuerte en el Riachuelo "porque todo es anegadizo y pantanoso" y que para colocar unas piezas de artillería "estoy resuelto de hacer sobre el Riachuelo una estacada de madera y de alguna piedra del lastre de los navíos y encima tierra en que poner un par de piezas de artillería".

En 1721 los oficiales reales informaban que el Riachuelo tenía "por ambos lados la tierra muy inmediata y llena de pajonales y pantanosa".

El gobernador don Pedro Esteban Dávila en su Relación ya citada definía el Riachuelo como "un estero que tendrá de largo su principio diez leguas y ancho muy poca cosa, capaz para navíos de hasta doscientas toneladas".

Refiriéndose a la barranca, Dávila la describía gráficamente y decía que "desde la punta de Doña Catalina (hoy esquina del paseo Colón y calle Martín García) va huyendo del dicho Riachuelo (de la parte Este que iba a desembocar frente al alto de San Pedro) más de media legua, todo pantanoso e inútil de poderse andar".

En 1681 el capitán don Pedro Pacheco describió en un informe los "prados que hay entre la barranca y el Riachuelo, que en lloviendo son intransitables de poderse mantener en ellos".

Cuatro años más tarde, en España, otros entendidos declararon que "el terreno de la marina es un continuo pantano hasta el Riachuelo que impide echar por allí gente en tierra".

Es por estas razones que la zona del Riachuelo no comenzó a poblarse de un modo definitivo hasta el siglo XIX.

FUENTES:

ANIBAL CARDOSO, Buenos Aires en 1536, Buenos Aires, 1911.
ANTONIO A. ROMERO, Fundación de la ciudad de Buenos Aires, en Atti del XXII Congresso Internazionale degli Americanisti, Roma, 1926.
JUAN JOSE NAGERA, Puntas de Santa María del Buen Aire. Lugar de la fundación de don Pedro de Mendoza, Buenos Aires, 1936.
ENRIQUE DE GANDÍA, Crónica del magnífico adelantado don Pedro de Mendoza, Buenos Aires, 1936.
ROMULO ZABALA y ENRIQUE DE GANDIA, Historia de la ciudad de Buenos Aires, 1 (1536-1718), Buenos Aires, 1936.
ENRIQUE A. S. DELACHAUX, Los problemas geográficos del territorio argentino, en la Revista de la Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, 1906, año III, t. V, p. 142.

 

VI . LA VUELTA DE ROCHA

Durante largo tiempo, a causa de una afirmación de Paúl Groussac repetida por Félix F. Outes y otros estudiosos, se creyó que el estrecho meandro que desde el siglo XIX lleva el nombre de vuelta de Rocha ofrecía en otros siglos el amplio y cómodo "espejo" de agua que presenta hoy en día.

Fuimos los primeros en levantarnos contra este error; pero los partidarios de la primera fundación de Buenos Aires en la orilla izquierda de la vuelta de Rocha nos atacaron duramente, porque con la desaparición del magnífico fondeadero de hoy en día, -que con tanta ingenuidad se suponía existente en 1536- se destruía uno de los más sólidos argumentos para justificar la fundación de Mendoza en ese lugar.

Después de la publicación de las Puntas de Santa María. del Buen Aire y de la Crónica del magnífico adelantado don Pedro de Mendoza ya no son posibles estas discusiones.

Hoy sabemos perfectamente que en 1882 la vuelta de Rocha todavía era lo que había sido en 1536 y, sin duda, mucho antes: un recodo estrecho como el que figura en el mapa de Bianchi del año citado de 1882 y en todos los mapas anteriores que dibujan la vuelta de Rocha.

En 1887 el mapa de Armando Saint Yves ya representa la vuelta de Rocha sin el clásico lóbulo que ofrece el cómodo fondeadero de hoy en día. El hecho no debe extrañar, pues es notorio que el lóbulo que en 1882 tenía sus calles y lotes perfectamente dibujados fue hecho desaparecer cuando se realizaron los grandes trabajos del puerto, a fin de disponer, en esa parte del Riachuelo, de un seguro fondeadero.

En dos mapas conocidos por la perfección de sus detalles -el de Cristóbal de Barrientos, de 1774, y el de Manuel Ozores, de 1792- la vuelta de Rocha no aparece en absoluto y el Riachuelo, en ese punto, tiene un curso recto.

Como estos mapas, en realidad, no representan lo que fueron Buenos Aires y sus contornos en los años 1774 y 1792, pues reproducen una mensura de Hernandarias de 1608, podría pensarse que la vuelta de Rocha se formó poco antes de 1786, cuando comenzó a abrirse la boca llamada del Trajinista a causa del relleno que experimentaba el curso Norte del Riachuelo.

Las aguas detenidas por el relleno de la boca Norte habrían ido formando el meandro de la vuelta de Rocha y los otros meandros superiores.

La tesis no tiene nada de ilógico ni de imposible; pero la destruye el hecho de que la vuelta de Rocha y otro meandro superior aparecen en el mapa rarísimo de las Misiones de la Compañía de Jesús en los ríos Paraná y Uruguay, del Padre Joseph Quiroga, publicado en el año 1749.

Si hubiera otros elementos de prueba, seguros y suficientes, podría sostenerse la tesis novedosa de que el meandro de la vuelta de Rocha se formó entre la segunda mitad del siglo XVII y la primera mitad del siglo XVIII.

En el año 1608, en que se practicó la mensura de Hemandarias que reproducen los planos de Barrientos y de Ozores, la vuelta de Rocha no habría existido y se habría ido dibujando a fines del siglo XVII y, especialmente, en el primer cuarto del siglo XVIII, cuando se rellenó el curso Norte del Riachuelo y las aguas se detuvieron cada vez más.

Ello explicaría por qué la vuelta de Rocha no aparece en unos planos que figuran un aspecto de la costa en el año 1608 y en cambio se ve perfectamente señalada en un mapa del 1749; pero lo más probable es que la vuelta de Rocha haya existido desde épocas muy antiguas y el hecho de no aparecer en los planos de Barrientos y Ozores sólo se deba a un grave descuido de los cartógrafos.

De todos modos, como simple curiosidad, hemos enunciado una tesis que no está reñida con las leyes geológicas y que si no puede aceptarse plenamente, tampoco puede rechazarse sin un examen.

FUENTE:

JUAN JOSÉ NAGERA, Puntas de Santa María del Buen Aires. Lugar de la fundación de don Pedro de Mendoza, Buenos Aires, 1936.
ENRIQUE DE GANDÍA, Crónica del magnífico adelantado don Pedro de Mendoza, Buenos Aires, 1936.
FELIX F. OUTES, Cartas y planos inéditos de los siglos XVII y XVIII y del primer decenio del XIX; Buenos Aires, 1930.
GUILLERMO FURLONG CARDIFF, Cartografía jesuítica del Río de la Plata, Buenos Aires, 1936.

 

VII . EL RELLENO DEL CANAL SUBMARINO y DEL CURSO NORTE DEL RIACHUELO

La corriente del Río de la Plata fue rellenando, lentamente, durante largos años, primero el pozo de San Sebastián, en el Retiro; luego el canal submarino y por último el curso Norte del Riachuelo.

Las mareas depositaban en los pozos y en el canal submarino la tierra y la arena que arrastraban de las barrancas y arrinconaban tablones y troncos en los salientes de ambas orillas del Riachuelo.

Estos obstáculos, sobre todo en la entrada del Riachuelo, detenían los cuerpos flotantes e iban formando barreras que producían un rápido relleno.

En tiempos de don Pedro de Mendoza ya sabemos que para entrar en el Riachuelo era preciso esperar que hubiese alta marea.

En 1607 Hernandarias hablaba de la escasez de agua que había en el Riachuelo.

En 1703 el ingeniero José Bermúdez declaraba que el pozo de San Sebastián se había ido cegando "y hace veinte años que no se usa".

El práctico Juan Zamudio confirmó que "hoy están totalmente cerrados el de la Merced y Santo Domingo y en el de San Francisco solamente podrán dar fondo una o dos embarcaciones de ciento y diez. a ciento y veinte toneladas".

El capitán Urdinza y Arbelais hizo saber que también se iba cegando el canal de entrada".

En 1709 el ingeniero Bermúdez expresó bien claro que el Ria-chuelo "se va cerrando y en breves años se cerrará que no será capaz. de entrar ni salir embarcaciones ni aun muy chicas, pues hoy sucede que en estando el río bajo no puede salir un bote vacío".

El relleno de los pozos, del canal submarino y del curso Norte del Riachuelo terminó por hacerse definitivo. Los pozos ya no sirvieron como fondeaderos, el canal submarino se borró y el curso Norte del Riachuelo se cegó por completo.

Los mapas y planos de comienzos del siglo XIX señalan el lugar por donde pasaba el "canal antiguo del Riachuelo" y el "curso y desembocadura del Riachuelo ahora veinte años", con estas palabras: "que se ha cegado".

El curso Norte del Riachuelo dejó de ser navegable en la primera década del siglo XVIII y desapareció por completo un siglo después.

FUENTES:

Exposición del Sargento Mayor de Ingenieros don Antonio María Durante, en la Revista del Archivo General, Buenos Aires, 1872, t. 11, p. 446.
ENRIQUE DE GANDÍA, Crónica del Magnífico adelantado don 'Pedro de Mendoza, Buenos Aires, 1936.

 

VIII . LA BOCA NUEVA DEL TRAJINISTA

En el mes de mayo de 1786 -o tal vez un poco antes- se produjo en la costa Sud del Riachuelo un hecho que llamó poderosamente la atención a todos los habitantes de la ciudad. Las aguas del Riachuelo, detenidas cada vez más por el fuerte relleno de su curso Norte y de la desembocadura, abrieron un "boquete" en la faja de tierra que las separaba del Río de la Plata y establecieron una nueva salida que permitía, con suma facilidad, de Oeste a Este, el paso rápido de la corriente.

La primera persona que descubrió esta nueva boca era un lanchero que hacía el trajín en esa parte del Riachuelo y a quien la gente conocía con el nombre de el Trajinista. Por ello la nueva boca Este del Riachuelo fue llamada la boca del Trajinista.

En 1790 el marqués de Loreto refirió estos hechos en la Memoria que dejó a su sucesor:

"Se me dió cuenta de que en la canal del Riachuelo, por lo mismo que ella se iba cegando, se abría, en la parte más alta, un boquete que podría variarla; y aunque se pedían providencias prontas, ninguna di de hecho y manifesté al capitán del puerto debía observarse el estado y dirección que tomaba, porque era posible, no habiendo agente más poderoso que el agua, que ella diese mejor canal y más a propósito.

Recelaba éste no fuese así, por haber de aquella parte un placer superior; pero ello es que, en las sudestadas del año antecedente y sucesivos desagües, el boquete se agrandó considerablemente y los barcos que por él excusan los tornos de la canal antigua y que hallan más presto agua en aquélla, se entran seguidamente y si esperan que el agua suba dan fondo en un punto de más abrigo.

Entiendo que, como V. E. habrá notado también, no puede incomodar a esta ciudad la mayor distancia de aquella canal, porque ella viene siempre al desembarcadero de Barracas..."

El 13 de agosto de 1805 el ingeniero don Eustaquio Giannini refería que el Riachuelo "ahora veinte años conservaba su primitivo curso, casi paralelo a esta población, y por casualidad o malicia, y tal vez, por haber contribuído uno y otro, mudó su desembocadura..."

Según Giannini, la boca del Trajinista se habría abierto, pues, en 1785.

Probablemente el hecho tuvo lugar en los primeros meses del año siguiente, pues el 3 de junio de 1786 el fiscal redactó un interesante informe -que se encuentra inédito en el Archivo General de la Nación- sobre la forma en que se había abierto el boquete y los arbitrios necesarios para cerrarlo.

El virrey y el Cabildo no se preocuparon de esta nueva boca que venía a solucionar los inconvenientes que ocasionaba la escasez de agua en el curso Norte del Riachuelo.

El 17 de mayo de 1791 los regidores dieron lectura a un oficio del virrey, fechado el día 7 de ese mes, en el cual comunicaba el envío del expediente seguido "sobre la propuesta de cerrar el boquete que se ha hecho en la costa del Sur de este Riachuelo a fin de que conforme a la vista del Señor fiscal de tres de junio de mil setecientos ochenta y seis exponga este Cavildo lo que tenga por conveniente sobre el ramo y arbitrios que deban sufrir el gasto que en ello se cause".

Los regidores resolvieron pasar el expediente al síndico procurador general y no volvieron a preocuparse del asunto hasta que el 23 de diciembre de 1791 se enteraron de su respuesta. El procurador expresó, con gran cordura, que el "boquete del Trajinista" había tomado mucho "incremento" y que "por no haberse ocurrido a los principios a cerrarlo" cualquier trabajo que se hiciese en sentido demandaría "crecidos gastos... con gravamen del público y del comercio", por lo cual, lo más conveniente, era dejarlo como estaba. Los regidores estuvieron conformes en devolver el expediente al virrey manifestándole que compartían en un todo la opinión del procurador general. Desde ese momento nunca más se pensó en cerrar la boca nueva del Trajinista.


FUENTES:

El puerto de Buenos Aires, en la Revista del Archivo General de Buenos Aires, Buenos Aires, 1870, t. 11.
ENRIQUE DE GANDIA, Crónica del Magnífico adelantado don Pedro de Mendoza, Buenos Aires, 1936.
ARCHIVO GENERAL DE LA NACION, Acuerdos del extinguido Cabildo de Buenos Aires, Buenos Aires, 1931, Serie 111, tomo IX Libros XLIX, L, LI y LII, pp. 616 y 683.

 

IX . LA PUNTA DEMARCHI

Los mapas y planos de Buenos Aires del siglo XIX figuran la boca del Trajinista orientada hacia el Nor-nordeste a causa de un gran banco o punta de arena que prolonga la orilla derecha en la dirección indicada. No debe extrañar que esta punta aparezca en los mapas del siglo XIX con sensibles variantes, porque las corrientes del Riachuelo y del Río de la Plata mo-dificaban constantemente su configuración.

La punta Demarchi no existía antes de los años 1785 y 1786 en que se abrió la boca del Trajinista. A fines del siglo XVIII y, especialmente, en el XIX, las arenas y tierras arrastradas por el Riachuelo fueron formando, fuera de la boca, una prolongación de la oriIla derecha que pronto se cubrió de vegetación.

En la segunda mitad del siglo XIX fue conocida con el nombre de punta o isla Demarchi. Los trabajos modernos del puerto de Buenos Aires cortaron su punta Nornordeste para rectificar la boca del Riachuelo en su forma actual.

FUENTE:

Planos y mapas de Buenos Aires del siglo XIX.

 

X . LA ISLA DEL POZO

Aníbal Cardoso, en 1911, en sus estudios sobre Buenos Aires fIn 1536, y Paúl Groussac, más tarde, en La expedición de Mendoza, sostuvieron que el Riachuelo, en la época de la conquista, tenía dos brazos y dos desembocaduras: la del Norte, que según nuestras investigaciones se abría frente al alto de San Pedro, y la del Este, o sea, la boca que en 1786 recibió el nombre del Trajinista.

A juicio de los autores mencionados, la boca Este habría existido desde épocas remotas, aunque semi obstruída por la arena y semioculta por la vegetación. Sus razones, sobre todo las del primero, eran simplemente lógicas.

Nosotros mismos compartimos en un principio esta opinión y entonces, con Cardoso, admitimos la existencia de una isla constituida por un gran banco de arena y tierra que comenzaba en la boca Este del Riachuelo y se prolongaba hasta frente al alto de San Pedro.

La existencia de esta isla depende, como se ve, de la boca Este del Riachuelo: si la boca existía antes del 1786 en tiempos de la conquista, la margen derecha del Riachuelo habría sido -geográficamente- una isla larga y estrecha paralela a la playa y a las barrancas del ejido Sud de la ciudad; -está claro que nunca habían oído hablar de los cordones litorales, ni imaginaban cuál era su función. 222 años más tarde siguen sin entenderlo. FJA

pero si la boca Este se formó, como hemos referido, en 1785 ó 1786, la margen derecha del Riachuelo no habría constituido ninguna isla en tiempos de la conquista y sólo habría podido considerarse como isla desde el 1786 hasta comienzos del siglo XIX en que se secó por completo el antiguo curso del Riachuelo.

Nuestros últimos estudios sobre estos particulares nos han demostrado que no existe en absoluto ninguna prueba, ni documental ni cartográfica, que sin asomos de duda pueda revelar la existencia de la boca Este del Riachuelo, posteriormente llamada del Trajinista, antes del año 1785.

Los mapas de Cristóbal de Barrientos de 1774, y otros de la misma hechura, de fines del siglo XVIII, que reproducen la mensura de Hernandarias del 1608, no figuran ni la vuelta de Rocha ni la boca Este del Riachuelo, sino tan sólo el curso y la boca Norte.

El mapa de Manuel Ozores, del 1792, de la misma familia que el de Barrientos, no varía los detalles referidos; pero señala con toda perfección la boca Este del Trajinista con este mismo nombre.

Este hecho no significa que Ozores, al copiar la mensura del 1608, haya reproducido también la boca Este, sino, por el contrario, demuestra que Ozores sólo introdujo en la mensura de 1608 la modificación de la boca Este, pues nos consta por el mapa de Barrientos, de 1774, y otros del mismo grupo, que la tal boca no existía antes del 1785.

Además, el hecho de emplear el nombre del Trajinista -que sólo comenzó a usarse después del 1785- prueba que se trata de una innovación posterior a esa fecha.

Así como no ha mucho hemos admitido con toda honestidad la existencia de la boca Este del Riachuelo, basados en las afirmaciones de Cardoso y de Groussac, ahora, con la misma honradez que siempre hemos puesto en todos nuestros estudios, modificamos nuestra primitiva opinión y nos corregimos gustosos, pues cree-mos que de este modo vamos al encuentro de la más pura verdad histórica: único objeto de nuestros afanes.

La no existencia de la boca Este del Riachuelo hasta el año 1785 o 1786 nos obliga a rectificar otras apreciaciones nuestras sobre lo que hemos llamado isla del Pozo.

En los documentos del año 1608 referentes a la mensura practicada por Hemandarias se ordena tomar las medidas “desde la isla del Pozo, donde comienza la chacra de Alvaro de Mercado, hacia esta ciudad".

Anibal Cardozo identificó esta isla con la que a su juicio corría desde la boca Este del Riachuelo hasta frente al alto de San Pedro.

En una publicación especial nosotros expusimos las fuertes dudas que se presentaban para hacer esta identificación, pues en aquel entonces la palabra isla lo mismo se aplicaba a una verdadera isla rodeada de agua que a un grupo de árboles en la llanura.

Sin embargo, basados en la creencia de que en aquel entonces existía la boca Este del Riachuelo y en el rumbo Sudeste Noroeste con que debían medirse las chacras del Riachuelo, compartimos la opinión de Cardoso de que la isla del Pozo debía ser la que a nuestro juicio se extendía desde la boca Este
hasta el alto de San Pedro.

Ahora, con la seguridad que tenemos de que la boca Este no existió antes del 1785 suponemos que la isla del Pozo debió ser un grupo de árboles situado en un lugar indeterminado de la orilla izquierda del Riachuelo.

En cuanto a la "islita o ensenada... desta banda del Riachuelo de los navíos" que el Cabildo se propuso vender el 2 de mayo de 1682 y que nosotros supusimos que pudiera ser la isla del Pozo, ahora estamos dispuestos a mantener en suspenso nuestra primitiva afirmación.

Se trata de lugares que mientras no aparezcan documentos con nuevos datos no será posible identificar. Esta es nuestra opinión actual; pero no la hacemos definitiva, pues pudiera darse que hallazgos insospechados nos demostraran que en vez de estar equivocados cuando admitíamos la existencia de la isla del Pozo y de la boca Este del Riachuelo antes del 1785 -en compañía de Cardoso y de Groussac -hubiésemos caído ahora en una errónea interpretación.

FUENTES:

ANIBAL CARDOSO, Buenos Aires en 1536, Buenos Aires, 1911.
PAUL GROUSSAC, Mendoza y Garay, Buenos Aires, 1916.
ENRIQUE DE GANDÍA, Las “islas" del agua y de la tierra, en la Revista Geográfica Américana, Buenos Aires, 1936, vol. V. núm. 31 pp. 265-266.
ENRIQUE DE GANDÍA, Crónica del magnífico adelantado don Pedro de Mendoza, Buenos Aires, 1936.

 

 

XI . EL RIACHUELO EN TIEMPOS DE DON PEDRO DE MENDOZA

El "río pequeño" vió la fundación de Buenos Aires, el 3 de febrero de 1536, en la parte alta de la meseta, en el lugar que desde comienzos del siglo XVII se llamó alto de San Pedro. Allí frente, en el bajo, se abría la boca Norte del Riachuelo. Era la entrada del puerto, donde podían refugiarse y estar bien seguros todos los navíos.

En febrero de 1542 Pedro Estopiñan Cabeza de Vaca vió un mástil dejado por lrala "en la entrada del puerto, junto donde estaba asentado el pueblo".

Estudios modernos, que han agotado los análisis críticos, han demostrado que don Pedro fundó Buenos Aires en ese lugar, a la entrada del puerto, es decir, sobre el alto de San Pedro, donde vió,"el pueblo" el primo de Alvar Nuñez".

Las catorce naves de Mendoza. que llegaron a Buenos Aires sin duda alguna entraron en el Riachuelo.

La Santa Catalina sabemos con toda seguridad que estuvo largo tiempo "surta en el río pequeño".

Una de las catorce naves quedó encallada en el Riachuelo.

Las demás no es posible decir hasta dónde remontaron su curso. Lo que consta con seguridad es que los conquistadores -después de la partida de Mendoza- sembraban en el bajo de la barranca, maravillados de ese río que con sus inundaciones periódicas "todo lo riega".

Los indios cierta vez atacaron a los españoles, establecidos sobre la meseta, y en seguida huyeron y se refugiaron en el Riachuelo, entre los pajonales y los bañados, donde era muy difícil el combatirlos.

Algunos críticos han creído que la batalla de Corpus Christi, del 15 de junio de 1536, en la cual sucumbieron tantos conquistadores y también perdió la vida don Diego de Mendoza, hermano de don Pedro, tuvo lugar en la parte alta del Riachuelo, en el pago de la Matanza. Eduardo Madero fue el autor que más difundió esta versión. Félix F. Outes la confirmó con la exhibición de una prueba al parecer terminante: el hallazgo de una espada con el nombre de Bartolomé de Bracamonte, uno de los conquistadores que según Ruy Díaz de Guzmán murió en la pelea. La espada se decía hallada precisamente a orillas del Riachuelo, en el punto exacto que Madero había señalado como teatro del combate. Estudios modernos han demostrado que Outes fue víctima de un engaño de cierto falsificador de armas antiguas y que el combate de Corpus Christi ocurrió en las proximidades del río de Luján.

Ultimamente Outes publicó un folleto en el que intentó demostrar que el combate de Corpus Christi se verificó a orillas del Riachuelo, en el pago de la Matanza; pero, arrepentido a tiempo por la endeblez de sus argumentos, se apresuró a retirarlo de la circulación.

FUENTES:

EDUARDO MADERO, Historia del puerto de Buenos Aires, Buenos Aires, 1892.
FÉLIX F. OUTES, Confirmación de un dato histórico,en la Revista Nacional. Buenos Aires, 1900, vol. XXIX, pp. 256 a 258.
PAUL GROUSSAC, Mendoza y Caray, Buenos Aires, 1916.
ENRIQUE DE GANDIA, Crónica del magnífico adelantado don Pedro de Mendoza, Buenos Aires, 1936.
ENRIQUE DE GANDIA, Historia de Alonso Cabrera y de la destrucción de Buenos Aires en 1541, Buenos Aires, 1936.

 

XII . EL RIACHUELO EN TIEMPOS DE JUAN DE GARAY

Los segundos fundadores de Buenos Aires recorrieron el Riachuelo y las tierras situadas a la banda del Sud. El 24 de octubre de 1580 Juan de Garay hizo un gran repartimiento de tierras en las afueras de la ciudad.

Por el Norte repartió las tierras señaladas entre el ejido de Buenos Aires y más al Norte de San Isidro. Por el Sud las tierras repartidas fueron las que se extendían entre el Riachuelo y el valle de Santa Ana, en la actual ensenada y pago de la Magdalena.

No es este el momento de aludir a las discusiones. entabladas por Groussac para demostrar el error de que el valle de Santa Ana se hallaba en las proximidades del río de Luján. Se trata de una polémica ya pasada a la historia de las cosas juzgadas.

Lo que en estas líneas deseamos dejar constancia, pues se trata de los orígenes históricos del Riachuelo, es que Juan de Garay otorgó la propiedad de las tierras situadas sobre la margen derecha del Riachuelo -una legua y media la tierra adentro con un ancho que no es posible determinar con exactitud- al adelantado Juan de Torres de Vera y Aragón, y las tierras de la orilla izquierda, hasta el ejido de la ciudad, al capitán Alonso de Vera.

Estas tierras, a uno y otro lado del Riachuelo, pantanosas e inundables en sus orillas, pero fértiles y de excelentes pastos en lo interior, fueron las "suertes" más valiosas que Juan de Garay distribuyó en la segunda fundación de Buenos Aires, y ellas correspondieron, como es natural, a los únicos superiores que en esta parte de América tenía el fundador.

FUENTES:

ANTONINO SALVADORES, Ensayo sobre el pago de la Magdalena durante el siglo XVIII. La Plata, 1930
GUILLERMINA SORS DE TRICERRI, El puerto de la ensenada de Barragán: 1727-1810, La Plata, 1933.
AUMA TAPIA y JULIO R. TARANTET, Compilación de referencias documentales. Demuestran que las reservas para ribera en la costa al noroeste de Buenos Aires son bienes públicos del Estado, La Plata, 1933.
ROMULO ZABALA y ENRIQUE DE GAND1A, Historia de la ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, 1936.

 

 

XIII . LA NAO PERDIDA

En el repartimiento de tierras que Juan de Garay hizo el 24 de octubre de 1580 la suerte del capitán Alonso de Vera fue señalada en la siguiente forma:

"Otro sí señalo por tierras del capitán Alonso de Vera en el dicho Riachuelo del puerto a la banda de la ciudad desde cien varas de medir más arriba de donde está una nao perdida en el Riachuelo mil varas de frente por el Riachuelo arriba la tierra adentro hasta dar en el ejido".

Las dimensiones y la situación de esta "suerte" de tierra parecen difíciles de determinar; pero si se leen con cuidado las líneas transcriptas se ve que el lote del capitán Alonso de Vera tenía mil varas sobre el Riachuelo, de Este a Oeste; y de Norte a Sud se extendía hasta dar en el ejido de la ciudad.

Era una faja paralela al curso Norte del Riachuelo, como la de doña María Basurco que figura en los mapas de Barrientos y Ozores.

En cuanto a la nao perdida debía hallarse en el curso Norte del Riachuelo, próxima al recodo donde en Riachuelo tomaba su curso hacia el Oeste.
El nombre de esta nao, como es natural, se ignora.

No debemos de olvidar que doce de las catorce naves de Mendoza que llegaron a estas regiones se perdieron en el puerto de Buenos Aires.

Durante la primera fundación había una nao encallada cerca de la ciudad que servía de fortaleza y que los españoles incendiaron al destruir y abandonar la población.

Nao que según testimonios de un observador atento de la segunda mitad del siglo XIX, el fotógrafo Cristiano Junior, habiendo servido de presidio hasta 1805, recién fue destruída en la tormenta récord de ese año.

Tal vez su madera dura, por arder con lentitud y considerando el cariño y la poca aplicación de los pobladores que debían abandonar su asentamiento por órdenes que con disgusto compartían, la preservó del fuego que la amenazó.

Quemar una nave que ha sido querida, no es cosa que se resuelva sólo con órdenes.

A continuación de esta obra, en el capítulo dedicado al arte de la navegación, intentaré esbozar las probables circunstancias de su tremenda varadura.

Los comentarios de Gandía que siguen, respecto de que ambas naves, la de Pancaldo, la de Cabrera o la de un tercero se hundieron, tropiezan con el detalle que la tal varadura no habla precisamente de un hundimiento.

Una nao varada que luego sirve, primero como fortaleza y luego como cobijo, no podría referirse como “nao hundida o desaparecida”; aunque sí, e incluso, a medias, como “nao perdida”. De esta nao se ha hablado bastante más que del conjunto de la docena restante.

En adición, la varadura de esa nao, no precisamente una liviana carabela, debe haber sido poco menos que fenomenal. De lo contrario hubiera sido rescatada. Mendoza tenía un ejército a su disposición para ello.

Por eso estimo merece esta cuestión el posterior comentario, de cómo pudiera haberse producido ese percance que tanto ha trascendido. De hecho, Gandia refiere que doce de las catorce naves fueron perdidas.

Esta, al parecer, todavía quiere por algún motivo, seguir en la memoria viva.
Francisco Javier de Amorrortu

 

Rómulo D. Carbia sostuvo que la nao perdida en el Riachuelo era la de Pancaldo; pero se trata de una de sus tantas fantasías que no tienen ninguna prueba.

Más grave fue la transcripción que hizo del párrafo pertinente del repartimiento. de Garay.

Su conocida costumbre de alterar el texto de los documentos lo llevó a transcribir este párrafo como si dijera lo siguiente: "Voca del Riachuelo del Puerto de Santa María de Buenos Aires y nao perdida en él".

Carbia ha confundido la asignación hecha al adelantado Juan de Torres de Vera con la del capitán Alonso de Vera.

En la del primero se dice que sus tierras han de correr por frente del Paraná "hasta dar en la boca del Riachuelo del puerto de Santa María de Buenos Aires, y con aquel anchor y por aquel derecho ha de correr a la tierra adentro legua y media".

En la del capitán Alonso de Vera, en cambio, se consigna que sus tierras han de comenzar a medirse "desde cien varas de medir más arriba de donde está una nao perdida en el Riachuelo".

Al menos en la conciencia que he hospedado de los registros de agrimensuras y los conflictos que las áreas ribereñas durante siglos sostuvieron, las llamadas “suertes” en aquellos siglos, de acuerdo a la legislación hispánica se medían desde la barranca y no desde la lengua de agua.

Es probable que las cien varas que separaban a esta nave perdida del arranque de mensuras, refiera del arranque de la barranca. Con lo cual, bien fácil resulta estimar cuán grave pudo ser la varadura.Francisco de Amorrortu

Como se ve, todo esto es muy distinto a lo que ha sostenido Carbia. La nao perdida vista por Garay es muy posible que sea la que se encontró en 1887 en la dársena Sud, en el galpón 3.

Algunos estudiosos de aquel tiempo trataron de afirmar que los restos hallados aquel año no eran los de la nao de León Pancaldo, sino los de la nao de Alonso Cabrera; pero se trata de gruesos errores, como el de Carbia, pues comprobaciones modernas han demostrado que ambas naves se hundieron por no saber embocar el canal submarino que conducía al Riachuelo.

FUENTES:

NUMA TAPIA y JULIO R. TARANTET, Compilación de referencias documentales. Demuestran que las reservas para ribera en la costa al noroeste de Buenos Aires son bienes públicos del Estado, La Plata, 1933.
ROMULO D. CARBIA, El valle de Santa Ana y el repartimiento de tierras efectuado por Garay en 1580, en la revista Humanidades, La Plata, 1933, t. XXIII, p. 139.
Hallazgo arqueológico, Serie de cartas producidas con tal motivo, en la Revista Patriótica del Pasado Argentino, Buenos Aires, 1891, t. IV, pp. 80 a 106.
ENRIQUE DE GANDIA, Crónica del Magnífico adelantado don Pedro de Mendoza, Buenos Aires

Restos de una nave de los tiempos de la primera fundación de Buenos Aires encontrados en las excavaciones del puerto.

En la actualidad se hallan en el Museo Histórico Nacional. De la "Historia de la ciudad de Buenos Aires", Buenos Aires, 1936, de Rómulo Zabala y Enrique de Gandía.

 

 

En esta pobre imagen se aprecia el codaste de una nao de la época de Mendoza, donado por Madero y depositado en el Museo Histórico Nacional.

Que si fueran como estima Gandía los de la nao perdida, ya hablan del aprecio que regalaron los fantasmas del pasado a esa nao que sirviera de refugio y fortaleza en lo que fuera su“habitable varadura”.

Fuerte presencia memorativa de aquellos 50 laboriosos sobrevivientes que alcanza nuestros días.

Francisco J. de Amorrortu

 

XIV . LA MENSURA DEL AÑO 1608

El 6 de diciembre de 1608 el gobernador Hernandarias de Saavedra resolvió practicar una mensura de las chacras situadas en el ejido de la ciudad "por cuanto cada día vienen ante su Señoría con quejas agraviándose los vecinos. y moradores de esta ciudad en razón de las tierras y chacras y estancias que tienen, diciendo que otros vecinos se les meten en parte de ellas, todo a causa de la poca justificación, cuenta y razón que hay en lo que a cada uno pertenece".

El día 16 de diciembre los peritos establecieron que el rumbo de las chacras situadas entre Buenos Aires y las Conchas debía ser de Nordeste a Sudoeste, teniendo como frente "la barranca de la costa de la mar", y que las Chacras del RiaChuelo debían orientarse de Sud, este a Noroeste.

El mismo día, "estando en la Chacra de Mateo Leal de Ayala, alguacil mayor de esta ciudad, donde fueron a medir las chacras de la banda del Riachuelo, antes de hacerse parecieron con sus títulos el dicho alguacil mayor y Alvaro de Mercado y la parte de Francisco Pérez, de Burgos que tienen allí sus chacras, y haviéndolas visto por vista de ojos, el dicho señor gobernador mandó que se fuesen midiendo desde la Isla del Pozo, donde comienza la chacra de Alvaro de Mercado, hacia esta ciudad, y que esta orden se guarde siempre, y señaló por mojón de la dicha isla, y desde ella se midieron y amojonaron las chacras y la demás tierra que hubo hasta el ejido su señoría la declaró por libre para hacer merced de ella en nombre de Su Magestad..."

El Riachuelo fue siempre el punto de arranque para las mediciones de las chacras situadas en el bajo fuera del ejido de la ciudad. .

FUENTES:

ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN, Acuerdos del extinguido Cabildo de Buenos Aires, Buenos Aires, 1930, Serie II, t. VIII Libros XXIV y XXV, pp. 216 a 245.

NUMA TAPIA y JULIO R. TARANTET, Compilación de referencias documentales. Demuestran que las reservas para ribera en la costa al noroeste de Buenos Aires son bienes públicos del Estado, La Plata, 1933.

 

XV . ORIGENES DE LA GUARDIA DEL RIACHUELO

El fuerte de Buenos Aires fue fundado por don Hernando de Zárate en los primeros meses del año 1594.

Don Diego Rodríguez de Valdéz y de la Banda fue el primer gobernador que tuvo la idea de construir una guardia en el Riachuelo.

Sus propósitos los expuso al rey en una carta fechada el 20 de mayo de 1599:
"La artillería del fuerte no alcanza al Riachuelo de puntería, ni al lugar donde dan fondo los navíos, ni se puede poner cerca de él porque todo es anegadizo y pantanoso.

Con todo estoy resuelto de hacer sobre el Riachuelo una estacada de madera y de alguna piedra del lastre de los navíos, y encima tierra en que poner un par de piezas de artillería para defender aquel Riachuelo que será de grandísima consideración porque no entrando en el Riachuelo no pueden estar cuatro días que no corran con gran peligro de perderse."

En España el rey y el Consejo de Indias trataron de enviar una expedición de trescientos hombres al Río de la Plata para fundar un fuerte digno de esta ciudad;

pero todos los proyectos resultaron vanos y sólo Hernandarias hizo algunas modificaciones en el fuerte fundado por don Hernando de Zárate.

El mismo Hernandarias llevó a cabo el proyecto de Rodríguez de Valdéz, de construir un fortezuelo en el Riachuelo además del que había reformado de don Hernando de Zárate.

En una carta del 5 de mayo de 1607 dice lo siguiente:

“Voy edificando dos fortezuelos: uno en el Riachuelo y puerto de esta ciudad, donde están los navíos, y otro al lado de esta ciudad para que en ellos se pueda tener centinelas. .."

El fortezuelo de Hernandarias prestó unos servicios muy útiles para evitar el contrabando.

Era una construcción miserable, pero siguió en pie muchísimo tiempo.

En 1674 el gobernador don José Martínez de Salazar atestiguaba que el torreón del Riachuelo se llamaba San Juan Bautista.

FUENTES:

ENRIQUE DE GANDIA, Crónica del magnífico adelantado don Pedro de Mendoza, Buenos Aires, 1936.

ENRIQUE DE GANDIA, Historia d.e los piratas en el Río de la Plata, Buenos Aires, 1936.

CF.SAR BLAQUIER CASARES y ENRIQUE DE GANDIA, Orígenes del fuerte de Buenos Aires, Buenos
Aires, 1937.

 

XVI . EL CAMINO DEL RIACHUELO EN EL SIGLO XVII

Son contadas las menciones que en los documentos del siglo XVII se hace del Riachuelo. Ellas, no obstante, bastan para hacemos saber que el Riachuelo, al igual que en tiempos de Garay y de Mendoza, era el puerto de la ciudad; el lugar seguro donde los navíos podían pasar varios meses sin temor a las tormentas y a los vientos.

En el Riachuelo hacían también los navíos sus descargas con toda tranquilidad. El fortezuelo proyectado por el gobernador don Diego Rodríguez de Valdés y de la Banda y el que comenzó a construir Hernandarias de Saavedra tenían por objeto defender la entrada del Riachuelo contra cualquier nave enemiga que tuviese la audacia de ir a asaltar los barcos españoles en ese refugio.

El fortezuelo de Hemandarias se convirtió en aduana y sirvió para que en ella hiciesen sus descargas los navíos.

Se hallaba, como veremos en el capítulo siguiente, a unas tres cuadras de la entrada del Riachuelo.

Esta, como sabemos, se abría a la altura de la actual calle de Humberto l°.
La aduana y desembarcadero estaban colocados, pues, en el bajo del Riachuelo, en la intersección del actual Paseo Colón y calle Cochabamba, cerca de la punta de la barranca llamada de doña Catalina -actual parque Lezama-.

Esta situación la expresan con claridad varios documentos que analizaremos al referirnos a la aduana y la figuran los mapas de Domingo Petrarca, del 1729, y los de Barrientos y Ozores -del 1774 y 1792- que reproducen la mensura de Hemandarias del 1608.

Desde Buenos Aires había un camino que conducía a la aduana o guardia del Riachuelo.

Este camino iba por el alto de la barranca, aproximadamente donde hoy corre la calle Balcarce.

Al llegar a la altura de la calle San Juan descendía al bajo y terminaba en la guardia del Riachuelo.

Este camino a menudo se halIaba interrumpido por grandes pantanos que dificultaban el tráfico a las carretas.

El Cabildo en el siglo XVII, era muy pobre y carecía de fondos para componer las calles.

El 24 de marzo de 1623 los regidores resolvieron arreglar un paso del camino del Riachuelo que estaba en pésimas condiciones".

Por este acuerdo y por otros pocos de algunos años siguientes podemos comprobar que la ciudad se hallaba en constante comunicación con el Riachuelo y la guardia que servía de aduana.

Respecto de las comunicaciones entre el Alto de San Pedro y la Plaza Mayor, Francisco de Oliden, maestro carpintero guipuzcoano venido al Río de la Plata por encomienda de su Majestad para armar unas embarcaciones, fue el constructor de la Plaza de Abastos (hoy Plaza Dorrego) en el Alto de San Pedro (hoy San Telmo).

Debido a que la calle del Puerto (hoy calle Defensa) en el cruce con el Zanjón del Hospital (hoy calle Chile), los días de lluvia no sólo se hacía intransitable, sino que en este cruce varias personas habían ¡perecido ahogadas!; (ver líneas subrayadas en la pág. 111)

es por ello que Francisco de Oliden solicita en 1776 y se hace cargo durante 20 años, 4 meses y tres días, de juntar el dinero (litigando incluso por años con vecinos avaros) y disponer la obra de la Plaza de Abastos que permitiera a los 900 pobladores del Alto de San Telmo no quedar en los días de lluvia, aislados y sin alimentos.

De aquí podemos deducir lo que sería la calle Balcarce; camino aun más pobre y bajo que el camino del Puerto, hoy calle Defensa.
Francisco J. de Amorrortu

FUENTES:

MUNICIPALIDAD DE LA CAPITAL, Documentos y planos relativos al período edilicio colonial de la ciudad de Buenos Aires Recopilados por ENRIQUE PEÑA, Buenos Aires, 1910, t. Ili.
ARCHIVO GENERAL DE LA NACION, Acuerdos del extinguido Cabildo de Buenos Aires, passim.

 


XVII . LA GUARDIA DEL RIACHUELO EN EL SIGLO XVIII

La guardia del Riachuelo construída por Hernandarias era una “varraca" expuesta a todas las inclemencias. del tiempo y crecientes del río.

En 1721 se quemó y entonces se levantó en el mismo lugar "una choza pequeña de paja", Allí se acuartelaba la gente de la guardia; pero "siendo esta para impedir las introducciones ilícitas que se quieran cometer de géneros de contrabando, se hallan algunas dificultades para celar y observar las prohibiciones que hay sobre esto, no sIendo la menor la ceja de arboleda que mira al río e impide que los guardas vean las embarcaciones que vienen, que hasta que entren dentro de dicho puerto y vayan navegando por la guardia no pueden verlas, de que se sigue que en las tres cuadras que hay desde la boca del puerto hasta donde está la guardia, teniendo el referido Riachuelo por ambos lados la tierra muy inmediata y llena de pajonales y pantanosa se puede sospechar con evidencia que al entrar pueden de las embarcaciones arrojar a cualquiera de los lados las mercaderías que pretendan introducirlas, no siendo voluminosas, y entrar al puerto sin nada; y que después sobre seguro pueden volver los dueños a recoger lo que arrojaron y escondieron sin embarazo por estar fuera de la guardia y libres de que los vean de ella".

A estos inconvenientes se agregaba el temor de que los dueños de los navíos pudiesen entenderse con los guardas y que durante el tiempo que estos tardaban en dirigirse a la ciudad para avisar a los oficiales reales la llegada de un navío se descargasen las mercaderías e introdujesen sin pagar derechos.

Los oficiales reales dieron cuenta al rey de estos recelos en una carta fechada el 18 de septiembre de 1721. Además añadían que las continuas crecientes del Riachuelo obligaban a los guardas a desamparar la barraca.

En ella no se podía dejar en depósito ninguna mercadería; porque cualquier creciente que no diese tiempo a embarcarla de nuevo o llevarla a la ciudad la mojaría o arrastraría con la corriente.

"Si al tiempo que había la barraca que se quemó -decían los oficiales reales- había tanto riesgo, que hubo ocasión en que se llenó de agua hasta el techo y la desamparó la gente de la guardia repetidas veces; con más razón se puede temer al presente que no hay más de una choza de ninguna resistencia a cualquier desgrave".

Por estas razones los oficiales reales pedían al rey que en la boca del Riachuelo se construyese una aduana con su cuartel, sobre un terraplén y estacada de tres o cuatro varas de alto.

Allí debía haber un depósito para las mercaderías y una buena vivienda para los guardas.

El mejor lugar era la boca del Riachuelo porque desde ese punto los guardas verían las naves a cuatro leguas y podrían avisar a los oficiales reales antes que las naves llegasen a la aduana.

El fiscal consideró esta propuesta en Madrid el 29 de abril de 1722 y contestó que antes de tomar cualquier resolución debía saberse el costo de la obra. Esto fue comunicado al gobernador de Buenos Aires el 11 de mayo de 1722.

Don Bruno Mauricio de Zabala contestó el 30 de junio de 1724. Lo primero que hizo fue referir que en 1722 se había construído en el Riachuelo "un cuerpo de guardia de 17 varas de largo y ocho y medio de ancho con dos cuartos separados fuera de la habitación de los soldados, el uno para el oficial y el otro reservado con llave para cuando los oficiales de la real hacienda quisiesen servirse de él, con una batería de cinco cañones a la puerta".

Los oficiales reales descendían a la guardia para presenciar la descarga de los navíos y cotejar los fardos y cajones con las marcas señaladas en el registro.
El reconocimiento se hacia en un almacén del cual tenían la llave los oficiales reales.

Este informe de don Bruno Mauricio de Zabala se halla en contradicción con el que elevaron al rey los oficiales reales el 18 de mayo de 1727.

Dijeron que la guardia construída por el gobernador era muy incómoda, que el cotejo de la descarga debía hacerse a la inclemencia, que el cuarto destinado a los oficiales reales tenía dos varas y media de ancho por otras tantas de largo "y sin ninguna luz ni claridad, pues para poder entrar a él en la mitad del día es preciso sea con luz encendida, a que se añade el estar inmediato a la misma cocina o fogón”.

En este cuarto no se podía alma- cenar ninguna cantidad de mercadería. La habitación hecha para el oficial de guardia tenía tres varas de largo y dos y media de ancho y allí no podían vivir el oficial de guardia, dos oficiales reales, un alguacil mayor y un escribano que debían asistir a la descarga de cualquier navío. Los oficiales reales pedían al rey autorización para agregar a esa guardia una habitación de doce varas de largo por ocho de ancho "que sirva de almacén y seguridad de cualquier cosa que se aprehenda y en lo demás del tiempo para albergue de los que debemos asistir a las descargas".

El 10 de diciembre de 1727 el fiscal propuso que se solicitase otro informe al gobernador, pues tal vez las ampliaciones pedidas no fuesen tan necesarias como pretendían los oficiales reales.

El gobernador Zabala respondió al Consejo de Indias el 30 de noviembre de 1729.

Expresó que en la nueva guardia los soldados no estaban abandonados como en el reducto antiguo a causa de las frecuentes inundaciones y que para mayor claridad enviaba el informe que con fecha 4 de noviembre le había dado el ingeniero don Domingo Petrarca.

Este atestiguaba que la guardia antigua era un rancho de cuero hecho unos veinte años antes, de unas cuatro varas cuadradas. Todos los días había que remendarlo con otros pedazos de cuero y, por otra parte, su situación no le permitía divisar la entrada del Riachuelo.

La guardia nueva descubría todo el Riachuelo. Se hallaba colocada en un lugar alto y estaba fabricada de mampostería y techo de teja.

Para mayor seguridad Petrarca había levantado la guardia seis pies del suelo y frente a la puerta le había construí do una plazuela de armas donde había unas piezas de artillería. En cuanto a la habitación de dos varas y media en cuadro que los oficiales reales decían que era para vivir ellos, Petrarca explicaba que la había edificado para despensa.

Por último declaraba que si el rey le ordenaba hacer una vivienda separada para los oficiales, la levantaría en seguida.

El fiscal vió este informe en Madrid el 12 de agosto de 1730 y expuso que no era necesario hacer otras construcciones.

Ya vemos cuál fue la historia y situación de la guardia del Riachuelo en las tres primeras décadas del siglo XVIII: primero se hallaba a la altura de la calle Cochabamba, en el bajo, y luego unas cuadras más hacia el Norte, cerca de la boca del Riachuelo, entre las calles Humberto 1° y Carlos Calvo, en un paraje más elevado.

Esta segunda guardia no era un rancho de cuero, como la primera, sino una construcción de material. Allí desembarcaban las mercaderias de los navíos y se concentraba todo el tráfico del Riachuelo.

Ninguna razón obligaba a los navíos a llegar hasta la actual vuelta de Rocha. Si alcanzaban este punto o lo sobrepasaban era, solamente, para que estuviesen anclados en aguas tranquilas.

FUENTES:

MUNICIPALIDAD DE LA CAPITAL, Documentos y planos relativos al período edilicio colonial de la ciudad de Buenos Aires recopilados por ENRIQUE PEÑA, Buenos Aires. 1910, t. nI, pp. 5 a 28.

 

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