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Alerta roja al dúo Bereciartúa-Frigerio por el llamado a licitación para la construcción del nuevo emisario de Berasategui (22/3/2017)

Denuncia visible por emisario de Berazategui 1 https://vimeo.com/211323761 y

https://www.youtube.com/watch?v=UDNWmrHAY-Q&t=98s

Emisario de Berazategui 2

https://vimeo.com/212504707

https://www.youtube.com/watch?v=UR-WNRXizZM&t=1s

Las décadas aplicadas a conformar planes maestros, planes directores, planes nacionales del agua de nuestros vertidos domésticos e industriales reconocen seguimientos en el tema puntual de los emisarios de al menos una década en cientos de hipertextos y en una docena de capítulos en la página al estuariodelplata.com.ar

Los debates sobre la conveniencia de una o dos plantas de tratamiento ya fueron resueltos y no es cuestión a revisar, salvo para oportunamente considerar el nivel de esos tratamientos mecánicos

El problema crucial y el más decisorio que aquí enfocamos es el del efecto transgresor del equilibrio de las dinámicas del estuario tras su deposición final mediante dos emisarios con longitudes y direcciones de salidas difusoras espantosamente mal planteadas por mecanicistas que se dicen expertos en cuestiones de intercambios de energías en áreas críticas que dicen conocer por extrapolación de criterios ajenos por completo a las variables de peso.

La preocupación por este tema ya probó una década atrás estar en la agenda específica del Centro Argentino de Ingenieros y en oficios públicos los Ings Federico y Giménez dejaron trascender sus dudas respecto de la validez de los conocimientos de los expertos Philip Roberts y Gerhard H. Jirka por tratarse de cuerpos receptores que nada tenían en común con las dinámicas exhaustas de estas zonas del estuario. No es ésto lo que ya veremos señala Aysa

Reitero: mi preocupación no está en los venenos o aguas benditas que allí trasladen, sino en el fenomenal tapón sedimentario a las dinámicas que generarán en la misma salida de un área de aprox 100 Km2 que media entre el Emilio Mitre, las riberas urbanas, el frente deltario y el Dock Sud, que hace más de medio siglo ya lucían en estado catatónico

No hago incapié en cuestiones de carga másica, sino en las sedimentaciones inmediatas de estos efluentes provocadas por capa límite térmica e hidroquímica que jamás fueron prospectivadas con criterio termodinámico alguno por los mecanicistas de turno.

Las oportunidades de sumar experiencia con el emisario de Berasategui las perdieron. Jamás hicieron seguimiento de las sedimentaciones aguas abajo y en especial, aguas arriba de la salida de este emisario. Angel Menéndez puso sus narices una vez y nunca más siguió con el tema. De señalarnos lo ocurrido se ha ocupàdo la imagen satelital y no los modelos matemáticos.

La profundidad original del área elegida muestra hoy la radical gravedad de lo acontecido y es anticipo directo de lo que sucederá con los nuevos emisarios, contradiciendo las elementales paupérrimas mecánicas consideraciones de sedimentaciones por corrientes y vientos.

En esta misma materia de sedimentaciones jamás he visto mención y explicación alguna a los 8 cms que pierde de profundidad por año la boca del Riachuelo. Esta ceguera y silencio catecuménico responden a algo más que el no haber visto. Responden a un abismo al que les aterra descender.

Jamás acercaron enfoque y explicación termodinámica de la deriva litoral y de los acoples tributarios. Todo aparece desde hace siglos reducido a enfoque primario mecánico de ola oblicua y vientos.

La única graficación de flujos y transportes sedimentarios responde a trabajo de campo mediante seguimiento por las doce boyas con que cuenta Hidrovía para mostrar 6,5 Kms recorridos en 3,5 horas, ésto es, a razón de 1 nudo/h en dirección aprox 53°.

Sin embargo, después de 50 años no han alcanzado a entender el desastre generado por el canal Emilio Mitre por el ventury instalado en el arroyo Las Víboras robando energías a lo pavo a las antiguas salidas naturales del Paraná de las Palmas con consecuencias en la multiplicación de una deriva litoral que ha hecho estragos en desarrollos de labios peninsulares en las salidas tributarias al Norte e insulares en los entornos de Oyarbide y hasta en Timoteo Dominguez, que un siglo atrás jamás se mostraron activos.

Tampoco han entendido los límites ecológicos que en materia de equilibros termodinámicos plantean los dragados del Emilio Mitre y sus áreas de vuelcos. Así les va con sus US$ 400 millones anuales de costos de mantenimiento; sin considerar en estos balances los desastres que han armado aguas al Norte.

Si la experiencia y catecismos en materia de sedimentaciones que sostienen nuestros científicos es la que traducen en el entendimiento de lo que sucede en el Emilio Mitre, no querramos imaginar el nivel de versos marketineros que traducen los 1000 caracteres con que Aysa sostiene este proyecto.

Los gráficos presentados por el estudio de Halcrow de 1967 son bastante más ricos reflejando las dinámicas y sedimentaciones de estas áreas, a pesar que todo el estudio costó tan solo 100.000 libras esterlinas

El informe de Aysa a cargo del Ing Oscar Vélez señala que acopiaron información de 4 estaciones hidrometeorológicas sobre corrientes y vientos y con ellas asumieron el efecto sedimentario de ambos. Luego cargaron estos datos en un modelo especial, contrataron al Nº1 del mundo en emisarios y él fue quien avaló el proyecto y determinó sus longitudes para que no lleguen bacterias a las tomas de agua potable.

La ingenuidad de estimar que ese Nº1 hijo dilecto de Newton, tiene experiencia concreta en materia de sedimentación por capa límite térmica en un estuario con profundidades paupérrimas que solo reconoce flujos convectivos, corre por su exclusiva cuenta, pero lejos está de conformar la responsabilidad y seriedad mínima que exigen estos temas, independientemente del incumplimiento palmario de la ley en materia de procesos ambientales puntuales y concretos

El estimar que son las corrientes y los vientos los principales determinantes de las precipitaciones sedimentarias, es la faceta que descubre su olímpica centenaria ingenuidad y algo más fresca ignorancia de lo que señala el glosario de la ley Gral del ambiente provincial respecto del carácter termodinámico natural abierto que carga la voz ecosistema.

La acreditación unívoca de modelos “especiales” válidos para tratar flujos convectivos y vuelcos de grandes volúmenes de efluentes, que tras un viaje a 18 m de profundidad reconocen sobradas diferencias térmicas para generar a su salida, por capa límite, precipitación sedimentaria violenta, no ha sido jamás mencionada, ni estimo que en el mayor secreto haya sido estudiada.

No existe en el planeta prueba alguna de la eficienciade tal modelo y mucho menos, conformidad de las variables que le han cargado. Todos estos modelos son mecánicos. Ninguno termodinámico y mucho menos aplicado a situaciones tan concretas y comprometidas como las áreas y direcciones de las salidas difusoras y sus trascendencias sedimentarias en las paupérrimas dinámicas de estas áreas del estuario, llamadas a fundar el más nauseabundo lodazal en tiempo récord.

Jamás diseñaría salidas difusoras cruzando a 90º la dirección de los flujos del área de vertidos. Ésto solo lo hace quien estima que los vertidos sedimentarán lejos de estas salidas. Pues si estimara que sedimentarán cerca, se daría cuenta de la bruta barrera sedimentaria que se generará con esta obranza en la zona más crítica del estuario.

Esas bocas difusoras sedimentarán con una violencia que jamás fue inferida de lo nulo aprendido del emisario de Berasategui.

Es elemental alinear las salidas en el eje y dirección del sistema peninsular que arranca de los refulados del Emilio Mitre al Este para dejar liberado de presiones la salida de las críticas áreas estuariales interiores de aprox. 100 Kms2, infernalmente cargadas con todo tipo de compromisos urbanos, y que con sus 0,80 m de profundidad promedio ya merecen, con mínimas prospectivas, ser tildadas como horripilante lodazal jamás contemplado por Vélez y su número 1

Esa sedimentación es tan inevitable como el afloramiento de esas áreas. Y para ello hay que prepararse y es allí donde cabe enfocar la parte más crítica del plan para depositar nuestras miserias; ayudándolas a devernir nutrientes, y para ello incorporando a esta tarea dispersora no solo los flujos del Emilio Mitre, sino también los del Barca Grande que deberán concurrir a barrer la cara opuesta de esta larga península llamada a extenderse hasta 140 Kms del frente deltario.

Por lo tanto, la primera tarea a realizar en cualquier plan del agua que imaginen, es prospectivar el destino mediterráneo que más temprano que tarde les espera a las criaturas de esta gran ciudad, que no se salvarán por las alturas de sus torres, ni las garantías carentes del debido proceso de este plan.

Aprender algo de fenomenolgía termodinámica estuarial resulta elemental. Por ello, seguir durmiendo en conciencia mecánica, cuando deberíamos presentir la generación inevitable de la gran cloaca a cielo descubierto enfrente mismo de la gran ciudad en esos 100 Km2 que ya tienen pasaporte al infierno.

A esos 100 Kms2 los tienen que cuidar más que a sus familias y sus credos.

Del catecismo newtoniano que nunca desarrolló un capítulo especial para estas áreas, hacemos exepción de un balance de nutrientes de Jaime Menéndez y Natale de hace casi 20 años,. al que deberían prestar ajustada consideración.

En especial, al capítulo donde, aún sin hablar de precipitación por capa límite térmica no contemplada en sus estudios, confiesan la invalidación de hipótesis de dispersión en zonas estuariales fuertemente estratificadas por grandes gradientes de concentración de efluentes flotantes.

Reitero queel problema medular al que reclamo considerar no es la calidad de los efluentes y sus tratamientos mecánicos a niveles que pronto advertirán innecesarios, sino el lugar y dirección de salida de los difusores de los emisarios para que busquen coincidir en un mismo eje y en medio de esos dos grandes corredores de flujo, separados por la emergencia gradual de las áreas peninsulares, que un día darán lugar a adicional deposición de RSU.

No advierto otra propuesta de mínima sensatez para empezar a considerar estos vertidos en el corto, mediano y larguísimo plazo no menor a los 100 años.

En estrecha sintonía con estos temas, de inmediato advertirán que los puertos de Buenos Aires y del Dock Sud tienen que encontrar pronto nuevo destino en estrecha mediación con el corredor de flujos que atraviesa la boca del estuario con eje en Punta Piedras-Montevideo.

La desocupación del Dock Sud que deberá se trasladado a las inmediaciones del nuevo puerto de aguas profundas, abre nuevas perspectivas a remediar infinidad de infiernos ambientales que se fueron sumando por siglos, más que por décadas.

La disociación térmica de órdago que plantean las profundidades del Puerto del Dock Sud a las hoy inexistentes dinámicas de salida de las aguas del pobre Riachuelo, es cuestión insuperable por otra medida que no sea el traslado del puerto y al obligado de todas las petroquímicas.

Por ello, el cierre de la actual boca del Riachuelo buscando devolverle a éste su salida natural al NO y así evitar el ingreso directo de las energías mareales, no resuelve sin embargo, el tema de disociaciones térmicas por las profundidades del puerto en un curso de agua que no supera el 1,25 m de profundidad promedio

Sin enfocar estos temas desde fenomenología termodinámica estuarial, las recetas mecánicas en modelos de caja negra van a tributar inciensos a un Newton que parece ser hoy y desde hace 383 años el que extrapola con toda comodidad, energías inexistentes en flujos ordinarios en planicies extremas, al tiempo que ignora que el 23% de la energía solar que alcanza la tierra va aplicada al movimiento de los fluidos.

Francisco Javier de Amorrortu, 1º de Abril del 2017